MIEDOS – NUESTROS MIEDOS UNIVERSALES

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Extracto del Libro: “La Matriz Divina” de Gregg Braden. Editorial HAY HOUSE. Año 2007.

“Exploremos cada uno de ellos.

NUESTRO PRIMER MIEDO UNIVERSAL: SEPARACIÓN Y ABANDONO
Casi de forma universal, en el interior de todos nosotros existe el sentimiento de que
estamos solos. En el marco de toda familia y de cada persona, hay un sentimiento no
expresado de que de alguna manera estamos separados de aquél o aquello responsable de
nuestra existencia.
Sentimos, en algún lugar recóndito de nuestra memoria antigua, que nos trajeron aquí y nos
abandonaron sin explicación ni razón alguna.
¿Por qué esperaríamos que no fuera así? En la presencia de la ciencia que puede colocar a
un ser humano en la luna y traducir nuestro código genético, seguimos sin saber quiénes
somos. Y ciertamente no sabemos con certeza cómo llegamos aquí. Sentimos en nuestro
interior nuestra naturaleza espiritual, mientras buscamos cómo validar nuestros sentimientos. Desde la literatura hasta el cine, la música y la literatura, distinguimos entre los lugares aquí en la Tierra y un cielo distante que está en algún otro lugar. En el occidente, afirmamos la separación de nuestro creador a través de la traducción de la más grandiosa oración de la Biblia que describe esta relación: el Padre Nuestro.
Por ejemplo, la traducción occidental más común comienza con: “Padre Nuestro, que estás
en el Cielo,” reconociendo esta separación. En esta interpretación, estamos “aquí” mientras
que Dios está en algún otro lugar muy lejano. Sin embargo, los textos originales en arameo,
ofrecen una visión muy distinta de nuestra relación con nuestro Padre Celestial. Una
traducción de la misma frase comienza con “Radiante Luz: Tú brillas en nuestro interior, en
nuestro exterior, incluso la oscuridad brilla cuando la recordamos” 2 reforzando la idea de
que el Creador no está ni separado ni distante. Más bien, la fuerza creativa de nuestro
Padre, cualquiera que sea el significado que le demos, no está solamente con nosotros, es
nosotros e impregna todo lo que conocemos como nuestro mundo.

El descubrimiento en 2004 del Código de Dios y el mensaje que proviene de la traducción
del ADN de la vida, por medio de las letras de los alfabetos antiguos del hebreo y el árabe,
parece apoyar esta traducción. Cuando seguimos las pistas que nos dejó el libro místico del
siglo I llamado el Sepher Yetzirah, encontramos que cada uno de los elementos que
componen nuestro ADN corresponde a una letra de estos alfabetos. Cuando realizamos las
sustituciones, descubrimos que la primera capa del ADN de nuestro cuerpo, de hecho,
concuerda con la advertencia antigua de que una gran inteligencia reside en todas partes,
incluyendo nuestro interior. El ADN lee literalmente: “Dios y la Eternidad en el interior del
cuerpo.
Cuando tenemos miedo en nuestras vidas, incluso si no estamos conscientes de qué es
exactamente, crea una distorsión emocional en nuestros cuerpos, una experiencia a menudo
descrita como una “descarga” o un “punto sensible.” Esto se manifiesta en nuestras vidas
como las ideas radicales que tenemos respecto a lo “correcto” o a lo “incorrecto” de una
situación, o a cómo “debería” haber funcionado. Nuestras descargas y nuestros puntos
sensibles son la promesa de que crearemos las relaciones que nos demostrarán cuál miedo
está pidiendo ser sanado. En otras palabras, estas descargas nos muestran nuestros
miedos, en cuanto mayores sean, más profundos los miedos. Y casi nunca se equivocan.
Por lo tanto, si usted no recuerda conscientemente su miedo a la separación y al abandono,
por ejemplo, hay grandes posibilidades de que se manifieste en su vida como menos lo
espera y durante los momentos más inconvenientes. En sus relaciones amorosas, su
profesión y amistades, por ejemplo, ¿es usted quien “deja” o a quien “dejan”?
¿Es usted siempre el último en darse cuenta que la relación se ha terminado? ¿Matrimonios,
trabajos y amistades perfectamente “buenos” parecen derrumbarse ante sus ojos sin
advertencia o razón aparente? ¿Se siente devastado cuando estas relaciones se terminan y
fracasan?
O quizá usted se encuentre en el otro lado. ¿Siempre deja relaciones, profesiones y
amistades en su mejor momento por temor a ser herido? ¿Se ha descubierto diciendo algo así
como:
“Este es el [llene el espacio en blanco] perfecto. Mejor salgo de esto ahora cuando las
cosas van bien, antes de que algo ocurra y salga herido.”? Si este tipo de escenario ha
aparecido en su vida o lo está haciendo ahora, hay muchas posibilidades de que usted haya
creado de forma maestra, una manera socialmente aceptable de enmascarar su miedo más
profundo al abandono y la separación.
Al repetir estos patrones en relación tras relación, puede reducir el dolor de sus miedos
hasta un nivel soportable. Incluso, puede pasar así toda su vida. Sin embargo, la desventaja
es que el sufrimiento se convierte en una distracción. Se convierte en su forma de alejar su
mirada del miedo universal de que fue separado de la unión con su Creador, abandonado y
eventualmente olvidado. ¿Cómo puede llegar a encontrar el amor, la confianza y la cercanía
que tanto ha anhelado si siempre está dejando o lo dejan cada vez que se acerca a alguien?

NUESTRO SEGUNDO MIEDO UNIVERSAL: BAJA AUTOESTIMA
Casi universalmente existe un sentimiento arraigado en cada persona de todas las culturas y
sociedades de nuestro mundo, que de alguna manera no somos lo suficientemente buenos.
Sentimos que no merecemos reconocimiento por lo que hemos contribuido a familias,
comunidades y lugares de trabajo. Sentimos que no somos merecedores de ser honrados y
respetados como seres humanos. A veces, incluso, nos sorprendemos de que seamos lo
suficientemente buenos como para estar vivos.
Y aunque esta baja autoestima puede no siempre ser consciente, está ahí continuamente, y
ofrece la base subyacente para la forma en que enfocamos la vida y nuestras relaciones con
otras personas. Como maestros de la supervivencia emocional, a menudo nos encontramos
actuando escenas de la vida real que equivalen a valores imaginarios que nos colocamos en
nosotros.
Por ejemplo, cada uno de nosotros tiene sueños, esperanzas y aspiraciones de lograr cosas
grandiosas en su vida, y muy a menudo encontramos todas las razones para excusarnos por
no lograrlo. Como hemos visto en capítulos previos, la emoción es un lenguaje en sí mismo,
el propio lenguaje al cual responde la Matriz Divina. Cuando sentimos que no podemos
alcanzar nuestros sueños más grandiosos, la Matriz simplemente nos regresa lo que le
hemos dado para trabajar: retrasos, retos y obstáculos.
Aunque podamos anhelar cosas más grandes, la duda que proviene de nuestro interior es, a
fin de cuentas, de nuestros sentimientos de baja autoestima. Nos preguntamos:
¿soy lo suficientemente bueno como para tener tanta alegría en mi vida? ¿Y por qué
esperaríamos que fuera distinto? En la tradición judeocristiana occidental, aquellos en
quienes confiamos y quienes respetamos nos han dicho que de alguna manera somos seres
“inferiores”.
No somos tan buenos como los ángeles en el cielo ni como los santos de quienes
aprendemos. La misma tradición ha convencido a mucha gente de que sólo por el hecho de
estar en este mundo, debemos redimirnos de la vida misma por razones que según dicen
están más allá de nuestra comprensión.
En los más de dos mil años que lleva la historia de Jesús, nos hemos comparado con la
memoria editada, condensada y predilecta de la vida de un hombre del cual jamás
estaremos a su altura. Algunas veces las comparaciones son serias advertencias,
sugerencias de que podemos estar condenados a una vida muy dura en el más allá si no
vivimos de cierta manera. Algunas veces, son un poco más livianas, simples recordatorios
de nuestra incompetencia, con preguntas sarcásticas tales como: “¿Quién crees que eres,
Jesucristo?” o “¿Cómo vas a llegar hasta allá…
caminando sobre el agua?” ¿Cuántas veces ha escuchado esto o algo similar, implicando
que aunque intentemos llevar una buena vida, jamás seremos tan buenos o merecedores
como el maestro del pasado? Aunque en raras ocasiones nos tomamos con seriedad dichos
comentarios, en un nivel muy profundo nos siguen recordando que de alguna manera somos
indignos de las alegrías más grandes de la vida.
Incluso si usted tiene alta autoestima, puede ser que crea en estas sugerencias en algún
grado. A fin de cuentas, en algún nivel, es probable que todos lo hagamos. Como resultado,
expresamos nuestras creencias a través de las expectativas de cumplir nuestras metas, de
cuanta alegría nos permitimos y del éxito de nuestras relaciones. Nuestro miedo de no ser lo
suficientemente valiosos como para tener amor, aceptación, salud y longevidad, promete
que cada una de nuestras relaciones refleje el miedo de ser poco valiosos. Y eso ocurre en
formas que no sospecharíamos ni en un millón de años.
Por ejemplo, ¿cuántas veces se ha conformado con relaciones que no son lo que usted
verdaderamente desea, pero las excusa diciendo cosas como: “Por ahora esto es lo mejor”
o “Este es un trampolín hacia algo mejor”? ¿Se ha descubierto diciendo alguna vez: “Me
encantaría compartir mi vida con una pareja amorosa, compasiva, tierna y cariñosa, pero… ”
o “Este no es el trabajo en donde puedo realmente expresar mis talentos y habilidades,
pero…” seguido por todas las razones por las cuales no puede realizar sus sueños más
grandiosos en este momento?
Si estos o casos similares se han presentando en su vida, hay grandes posibilidades de que
sean máscaras hábilmente creadas por usted para cuestionar su valía. A través de sus
relaciones personales y de negocios, se recuerda a sí mismo sus creencias fundamentales
sobre usted mismo, creencias que están pidiendo una gran sanación.

NUESTRO TERCER MIEDO UNIVERSAL: ENTREGA Y CONFIANZA
¿Alguna vez ha tenido una relación de cualquier tipo en donde su nivel de confianza fue de
tal magnitud que fue capaz de entregar su ser individual a cambio de una sabiduría mayor?
Para ser bien claro, no estoy sugiriendo que entregue todo su poder en cualquier situación.
Por el contrario, la experiencia que estoy preguntando es si ha tenido un sentido tan fuerte
de lo que usted es, que se permitió liberarse de sus creencias respecto a qué debería o
quién debería ser a cambio de una posibilidad mucho mayor de lo que usted podría llegar a
convertirse.
Casi universalmente, existe el sentimiento en nuestro interior de que no es seguro hacer
algo así, no es seguro confiar en los demás, en la sabiduría de nuestros cuerpos o en la paz
del mundo. ¿Y por qué deberíamos pensar distinto? No tenemos más que ver las noticias
vespertinas para encontrar miles de razones para justificar nuestros sentimientos. Cada día
vemos ejemplos de conductas que parecen justificar e incluso perpetuar la sensación de que
vivimos en un mundo atemorizante y peligroso. Desde el terror, los asesinatos y los asaltos
que vemos en el mundo en general, hasta las violaciones de confianza y las traiciones que
experimentamos en nuestras vidas personales y la minada de asuntos de salud que
observamos a diario, este planeta llamado “hogar” puede ciertamente lucir como un lugar
terrorífico.
A fin de cuentas, nuestro sentido de seguridad en el mundo debe provenir de la seguridad
que sentimos en nuestro interior. Para experimentar esto, debemos confiar, debemos
preguntarnos si tenemos fe en la inteligencia del universo que está inherente en todas las
situaciones y en toda la vida. Si nuestra respuesta a esta pregunta es negativa, debemos
entonces preguntarnos, ¿por qué? ¿Quién o qué experiencia nos enseñó que nuestro
mundo no es seguro y que no debemos confiar?

Por ejemplo, ¿cree usted en el proceso de la vida? Cuando descubre que el universo le ha
lanzado inesperadamente una pelota en curva a usted, a un ser querido o a su mascota, ¿se
refugia en el reproche para sentirse protegido? Cuando sus hijos salen de casa cada
mañana para ir a la escuela, ¿se preocupa de que algo malo pueda ocurrirles, de que no
estén seguros? ¿O sabe que ellos están a salvo hasta que siente la dicha de recibirlos en
casa cuando el autobús de la escuela los traiga de regreso a las 3:30 de la tarde?
Aunque todas las cosas temibles que vemos que ocurren a nuestros alrededor son
ciertamente parte de una realidad, la clave para invalidar nuestros miedos es que estos no
tienen necesariamente que ser parte de nuestra realidad. Aunque puede parecer una
ingenua filosofía de la Nueva Era, en verdad es una creencia muy antigua que ha sido ahora
comprobada por la ciencia más avanzada. Sabemos que la Matriz Divina existe, reflejando
en nuestras vidas lo que pensamos, sentimos, expresamos y creemos en nuestros
corazones y mentes. Estamos conscientes de que un giro sutil en la forma en que nos
vemos es lo único necesario para que ese cambio se refleje en nuestra salud, carrera y
relaciones. Y aquí es en donde se vuelve aparente la absurda naturaleza de este ciclo
vicioso del miedo.

***************
La raíz de nuestras experiencias “negativas” puede reducirse a uno de los tres
miedos universales (o a una combinación de ellos): abandono, baja autoestima o falta de
confianza.
Si deseamos que algo cambie, debemos romper el ciclo y entregarle algo distinto a la Matriz
para que ella lo refleje. Suena sencillo, ¿no es así?. Puede ser engañosamente simple,
puesto que cambiar la forma en que nos vemos es quizá la práctica más difícil con la que
nos hemos enfrentado en nuestras vidas. Debido a nuestras creencias internas,
experimentamos en nuestro mundo externo la gran batalla que se está librando en el interior
de todos los corazones y las mentes de cada persona que vive la lucha que define lo que
creemos que somos.
En presencia de todas las razones para no confiar, nos han pedido que encontremos la
forma de escapar de la prisión en donde nos han encerrado nuestros miedos. Cada día, las
experiencias de la vida nos piden que nos demostremos cuánto somos capaces de confiar…
no confiar ciegamente sin razón, sino realmente sentir la seguridad y la protección que son
nuestras en el mundo”.

Totalmente recomendable éste libro

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.

https://www.facebook.com/ElizabethRomeroS

 

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