LOS SECRETOS EN LA FAMILIA

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Descodificación de las enfermedades

Elizabeth Romero Sánchez
LOS SECRETOS EN LA FAMILIA

Segura estoy de que en todas las familias se ocultan secretos. Algunos como pequeños detalles sin importancia, cosas como: “no le digas a tu hermano que te compré el caramelo que te gusta”.
A veces, un secreto más grande: “que nadie jamás se entere de que ese hijo que tendrás es de tu padre”.

Hay secretos que ya desde que se planean, encierran emociones.
Dolor, vergüenza y un sin número de impactos dramáticos que tarde o temprano, en las siguientes generaciones, podrían provocar patologías importantes.

Mucho del funcionamiento de los secretos dentro de las familias, fue analizado y estudiado por varios autores en su mayoría europeos, que han aportado conocimientos a la Biodescodificación.
Básicamente, Anne Ancelin Schutzenberger fue la gran autora que con su libro “Ay mis Ancestros”, también conocido como “Ay mis Abuelos”, profundizó en estos temas descubriendo, comprobando y aportando muchísimos elementos importantes a observar o a buscar dentro de un árbol genealógico para ser resueltos.

Son estos secretos los que nos programan para ser vulnerables ante ciertas vivencias o experiencias en la vida. Nos programan para tener esa debilidad, ese miedo, ese defecto y por supuesto, caer, enfermar y padecer. Todo de manera inconsciente.
Esa emoción que ya en su momento ha vivido nuestro ancestro. Esa vivencia dolorosa, oculta, acallada y prohibida es lo que llega a nosotros en las mismas células con las que somos concebidos.

Esa vivencia del pasado, esa vivencia de otras generaciones, podemos heredarla como una programación oculta de: “miedo a vivir cierta historia específica”, “alergia a ciertos ambientes o climas específicos”, “sentirme poca cosa”, etc.

Los secretos guardados por generaciones anteriores, caen entonces sobre nosotros con toda su fuerza. Como si fuéramos nosotros los que estamos padeciendo aquello que se ocultó en su momento.
Y casi siempre, son temáticas específicas las que se van heredando, repitiendo, pagando.

– Historias Sexuales: Incestos, tocamientos, infidelidades, violaciones, homofobias.
– Historias Reproductivas: Abortos, Hijos no reconocidos, Hijos de otro padre que no es el marido, hijos adoptados o regalados.
– Historias de Violencia: Asesinatos, Torturas, Golpes y Maltrato.
– Historias Ilegales: Robos, Fraudes, Herencia.

Historias que en su momento se vivieron y padecieron. Historias que en su momento, conocieron sólo unos cuantos. Historias de las que se ha prohibido en su tiempo, hablar o pregonar. Silencios forzados
Estos secretos son cosas de las cuales no se debe hablar, no hay que decirlas ni escucharlas. Mucho menos, comunicarlas a las generaciones siguientes.
¿Y si se vivió un secreto en generaciones pasadas, anteriores a mí, cómo puedo saberlo? ¿Cómo puedo solucionarlo y evitar que me afecte o a mi familia?

Si bien se ha tratado de encontrar un patrón lógico o repetitivo que de pie a confirmar científicamente la vivencia de secretos, de tener ya una constante específica, no ha sido posible.

Se han tomado datos, se ha intentado llevar una estadística y tan sólo se ha llegado a la conclusión, de que esta es otra “parte de la Biodescodificación”, que logra combinarse con “lo energético”, con “lo espiritual”, con la física cuántica y con los sentidos.
Es algo así como hablar de la reencarnación. Puede intentarse comprobarla, puede uno experimentar vivencias a través de la Hipnosis, pero la ciencia no tiene las herramientas ni la manera de comprobarla.
Es algo que “se siente”, es algo que “se vibra”, es algo que simplemente “nos resuena” y es con ello que se trabaja.

Por ejemplo, se habla de historias en las que niños, alumnos normales y comunes de una escuela, justo en las clases de matemáticas, al comenzar a estudiar las variables y las ecuaciones con la letra “X”, parecieran “sentir” una emoción particular de curiosidad por “averiguar lo “oculto”.
Es como si el niño al ver la letra X, sintiera una angustia, una distracción de la clase, un bloqueo que lo hace “viajar” con la mente emocional. Como si algo intangible le indicara a ese niño que esa “X” es algo que él debe buscar en su familia.
Sin embargo, no hay una teoría verificable de esto e incluso, no existe ningún síntoma o enfermedad específica que nos exprese claramente, si hay secretos en la familia o cuáles son y quién los vivió en las generaciones anteriores a la nuestra.

Pero el inconsciente no engaña. El inconsciente no puede “inventar”. El inconsciente lo sabe todo y es ahí en donde debemos poner atención. Y si sabemos que en toda una familia puede vibrar un “inconsciente colectivo” y traspasar generaciones, hay que parar las orejas y revisar cada asunto extraño que nos llegue como “presentimiento”.

– Esas sensaciones extrañas en donde “presentimos”, que nuestro abuelo oculta algo.
– Esas sensaciones extrañas en donde “sentimos” que cada que se platica del tatarabuelo algo sucede que pareciera que todos callan.
– Esa tristeza o miedo que sentimos al pensar en un embarazo que termine mal y que hasta lleguemos a angustiarnos pensando que seguramente alguien más en la familia ya lo sufrió pero no lo dicen.
– Esa idea que tenemos desde pequeños, de que “hay algo que no me quieren decir” en la familia.

A todas esas “sensaciones” hay que prestar atención.
Porque todas esas sensaciones, presentimientos, “latidas” de que hay algo raro en la familia, de que hay algo que no me cuadra, sólo las sentiré yo. Que soy el heredero o heredera de ese ancestro. Sólo me afectará a mí, que soy “doble” de ese ancestro. Y lo mejor, es que en mi inconsciente sí está dicha información y vivencia, y es por ello que sé que hay algo raro, algo escondido.

Porque lo que sí se ha comprobado en Biodescodificación, es el hecho de que todo Árbol Genealógico buscará por todos los medios que las historias se repitan, que sigamos y sigamos padeciendo de lo mismo e incluso, que emparentemos con las personas específicas que faciliten la repetición de dramas.
Es por ello que si venimos de generaciones y generaciones de mujeres maltratadas, siempre emparentaremos con familias iguales e incluso, únicamente nos enamoraremos de hombres maltratadores si somos mujeres o de mujeres que se dejen maltratar si somos hombres.
Jamás emparentaremos con una familia que viva distinto, no nos llamará la atención.
Porque nuestro inconsciente busca “repetir” dramas y para ello, sólo buscaremos afuera, lo que requerimos para continuarlos. El Árbol por sí mismo, no busca cambiar o mejorar o sanar. El Árbol busca repetir, continuar igual.

Y aunque no haya ciencia alguna que pueda publicar una teoría específica para los secretos familiares, tenemos la experiencia de las consultas que poco a poco, llevan a cualquier Biodescodificador a encontrar patrones que repiten y que nos llevan a secretos. A encontrar que “siempre que hay esto” es que “ha ocurrido esto”. Y con ello se trabaja.

Es así que podemos concluir que sí hay patrones específicos que nos permiten localizar al ancestro causante. A aquel familiar de otra generación anterior que haya vivido algo que se ocultó.
Son vivencias del pasado, que ocasionan en nosotros emociones inexplicables. Reacciones precisas o puntuales, cosas como:

– “Yo nunca he manejado, tengo miedo a manejar, por más que lo intento no sé manejar”.
Y, en base a esto que ha expresado la persona, se busca a aquel muerto en un accidente, ya sea porque iba manejando o porque fue lastimado por alguien que manejaba, hecho que la familia pareciera ocultar.

Pero nadie en su familia “sabe nada”. Nadie habla de eso. Nadie recuerda y nadie tiene datos.
Es el árbol, la observación del árbol, fechas, profesiones e historias de vida, que se llega al secreto.
Que se llega al culpable, al doble de la persona que no maneja, liberándolo de ese miedo.

– “Yo siempre tuve la idea de formar una familia, pero justo a los 19 años, esa idea cambio radicalmente, ahora no quiero casarme, no quiero tener hijos, quiero dedicarme a trabajar solamente”.
Y, lo mismo, en base a esto se busca a aquella persona en la familia que más o menos o justo a los 19 años, vivió algo dramático en asuntos de amores o pareja que se ocultó en la familia.

Nadie en la familia “sabe nada”. Nadie habla de eso. Nadie recuerda y nadie tiene datos.
Es el árbol, la observación del árbol, fechas, vidas de pareja, vidas reproductivas e historias de vida, que se llega al secreto. Que se llega al culpable, al doble de la persona que de pronto ya no quiere lo que antes anhelaba. Que ya no quiere pareja ni hijos, liberándolo o liberándola de ese miedo.

Otro detalle que puede “indicarnos que hay algo oculto”, son las reacciones de las personas en consulta:

– No quieren hablar de un tema en específico.
– Tiene bloqueado u olvidado un período de tiempo específico de su vida.
– Lloran de pronto ante alguna palabra o idea del Biodescodificador.
– Se enojan o estallan exageradamente ante una idea específica planteada por el Biodescodificador.

Y es que se tocan fibras emocionales en las consultas. Y tocar al subconsciente, justo donde más le duele, es la pista a seguir.
Del mismo modo se deben revisar reacciones exageradas: risas, llanto, tristeza, dolor, ira.

Personas que en la misma consulta dicen cosas como:

– ¡Me enteré de algo muy gordo en mi familia, de película, increíblemente doloroso!
Y cuando lo platica o explica, realmente no lo es tanto. Eso es una pista entonces, de que esa persona “resuena” con esa historia y que ese es el camino.

– ¡No sabes cómo lloré cuando supe tal o cual cosa de mi familia, es dramático, desgarrador, para morirse!
Y cuando lo platica, realmente no es nada ni para parpadear siquiera. Por lo tanto, es una pista entonces, porque la persona “resiente” el dolor del ancestro que sufrió la historia.

Así, los secretos que permanecieron muy ocultos durante dos o tres generaciones, vienen a esta generación a afectar justo a la persona que lo resolverá.
Personas comunes que viven su día a día, sintiendo que tienen que hacer las cosas porque “tienen” que hacerlas a pesar de que ellos no lo entiendan, no lo quieran o no lo disfruten hacer.
Personas que no pueden controlar sus emociones o reacciones, que basan su vida en su emoción, por lo que si hoy amanecieron tranquilas o pacíficas, es un buen día y si amanecen de malas es un pésimo día, sin razonar o poder controlar que son ellos los que determinan sus emociones.
Como si sus emociones tuvieran el mando o el control y ellos sólo obedecieran cual robots.

Nuevamente, el Árbol Genealógico es primordial para hacer un trabajo más completo y mejor.
Si sólo se tienen datos de los padres, tenemos sólo el 35% de la historia familiar. Si ya contamos con la información de los abuelos, tenemos ya un 50% de la historia familiar. Si por suerte tenemos información de los bisabuelos, hurra! Ya contamos entonces con el 75% de la historia familiar y ni qué decir si ya contamos con los datos de los tatarabuelos, eso sí es la gloria. Porque saber y conocer la historia de los tatarabuelos nos da el 100% de la información.

Si no hay árbol, ni le busques, una sesión de Biodescodificación no es para ti.
Porque para poder llegar al subconsciente sin datos, la única opción será todo tipo de terapia que pueda abrir dicho subconsciente y hallar lo sucedido, la Hipnosis, las Constelaciones Familiares, la meditación profunda. Porque sólo será útil aquella técnica que permita “conocer” el drama vivido, el secreto guardado. Visualizarlo, sentirlo, revivirlo.
Entonces a la hora de buscar secretos, hechos vividos por ancestros, de nada nos sirve sólo tener datos de nuestros padres y que además, ellos nos digan digan “no saber nada” y “no recordar nada”.
Si no hay datos y fechas de un árbol genealógico para revisar y analizar, la Biodescodificación no tiene caso. Mejor ir directamente a una Terapia que sí nos lleve a encontrar ese secreto, esa clave.

Al seguir la pista emocional de aquello que le preocupa a la persona, al seguir la pista de su reacción exagerada o incontrolable, es posible abrir ese subconsciente y dirigirlo hacia la verdad ocurrida.

Pero no crean ni por un segundo, que liberarse de un secreto familiar es algo “fabulosamente tremendo” o algo que mágicamente vendrá a liberarnos sin que hagamos nada. Es como cuando de niños, pensamos que al cumplir 15 años y los 18 años o los 21 años, mágicamente la vida será diferente para venir a descubrir que ese día no pasó nada y seguimos igual.
Lo mismo es “enterarse de lo que pasó en el árbol”. No pasa nada mágico.

Saber o descubrir aquel secreto o aquel drama vivido por nuestros ancestros, sólo nos hace tener que tomar conciencia, entender, saber, poder razonar, que “esa historia no es nuestra”.
Razonar ahora sí que esos ataques de miedo a manejar, que aquel rechazo a formar una familia, que aquella tristeza que a veces sentimos al despertar no está por encima de nuestras capacidades físicas, mentales y/o emocionales. Ni sobre nuestra capacidad de empoderarnos, cambiar y salir adelante.

Una vez que la persona, ha entrado en su subconsciente ya sea con hipnosis o constelaciones o meditación y ha descubierto el secreto, lo mejor es saber que puede ahora sí, decir a todo pulmón y en voz alta: ESO NO ES MIO.
Yo no soy aquel o aquella que vivió tal cosa, mi vida es otra y hoy dejo de padecerlo.

Cosa que hasta antes de entrar a su subconsciente era imposible, porque “no estaba seguro”.

¿Entonces hablar en voz alta me libera?

Sí, siempre, porque nuestro subconsciente, el subconsciente de todos nosotros, reacciona ante nuestros pensamientos y también ante nuestras palabras.
Y el hecho de descubrir lo ocurrido y liberarme de ello en voz alta, ya es soltarlo, cambiarlo, liberarlo.
Es decretar mi fuerza y mi independencia de lo ocurrido. Es reprogramar mi cerebro, es retomar el mando de mi vida.
Una vez que verbalizamos nuestra toma de conciencia: “esto no es mío” y además lo “sentimos”. El subconsciente ha quedado liberado. La persona se siente en paz.

Esto claro desencadena con el paso del tiempo, un empoderamiento, unas ganas por cambiar la forma en que pensamos, vivimos, reaccionamos, respondemos ante la vida, etc.
En la gran mayoría de las personas, esta toma de conciencia y verbalización es suficiente para sanarse, para liberarse.
Pero ojo!
Si la persona liberada continua viviendo en un entorno tóxico, en un entorno que sigue repitiendo un patrón, negativo, será mucho más difícil mantenerse liberados.

Y es que parte del cambio, es cambiar nuestro entorno.
Alejarnos de aquellas personas tóxicas, que forman parte de la “repetición del drama o del secreto”. Y eso, no es fácil. A veces la persona liberada, tan sólo tiene que aprender a vivir entre ellos sin volver a dañarse.
Es por ello que hay que “sellar” el trabajo logrado con la Hipnosis o la Constelación Familiar o la meditación o lo que sea, con una carta de duelo. Para reafirmarle al cerebro, lo que hemos soltado. Para darle confianza al cerebro de que seguimos firmes en nuestra idea de liberarnos.

Este acto simbólico es eficaz porque obedece a un principio terapéutico fundamental:
“La realidad metafórica o simbólica de cualquier cosa, es para el subconsciente una realidad”.

Por lo tanto, si yo escribo una carta de duelo liberándome de los secretos, de los dramas de las historias que no me corresponden. Si en ella yo he plasmado mi rechazo, mi ira, mis miedos, mis tristezas, mi dolor, mis frustraciones a consecuencia de las vidas e historias de otros en el árbol. Y además yo quemo esa carta tirando las cenizas a la basura. Mi cerebro automáticamente entiende: “HE MATADO ESAS HISTORIAS TÓXICAS, MI VIDA ES DIFERENTE Y NO VOY A PADECER DE NADA POR LO QUE OTROS HAYAN VIVIDO”.

En base a eso, es que la persona inicia su cambio, su empoderamiento. Es un trabajo arduo y constante, diario. El cambio y el empoderamiento no caen del cielo.
Ahora ya no puede “echarle la culpa a nadie” de sus miles de sufrimientos.
Ya no puede decir “soy esto por culpa de mi mamá” o “soy aquello por lo que me hizo mi papá” o de fulano o de sutano.
Ya no tiene pretexto alguno para continuar mal.
Al liberarte de los secretos en la familia, de los dramas de los ancestros, adquieres la RESPONSABILIDAD de toda tu vida.
Tienes el mando completo de tus emociones tienes la obligación de asumir las consecuencias de tus decisiones y elecciones y la oportunidad de hacer mejores elecciones para con ello, liberar a tus hijos y claro, a las siguientes generaciones.

Así las cosas…

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco

MI LABOR Y EL FIN DEL MUNDO

MI LABOR Y EL FIN DEL MUNDO

Considerando todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, creo que podría decir que soy una persona equilibrada. Tal vez totalmente equivocada y tal vez no tanto.
A veces suelo ser muy débil ante algunas circunstancias y a veces suelo ser demasiado fuerte y dura para otras al grado de llegar a la indiferencia.
Yo no puedo quejarme de mi familia. No he sufrido jamás de conflictos familiares graves, fuertes o desgarradores y si bien mi familia no es perfecta, creo que fui criada y educada dentro del rango de lo “normal”, de lo “común”, sin sobresaltos y con un alto grado de paz, de alegría y amor.

Cuando el camino de la vida me va llevando hacia aprendizajes nuevos, hacia descubrimientos nuevos, hacia un crecimiento como ser humano, es que me enfrento a realidades que yo jamás hubiera imaginado que existían fuera de mi mundo.
Podríamos decir que mi infancia ante mi percepción fue completamente color de rosa, mi adolescencia fue de color naranja, mi adultez comenzó con un fabuloso rojo “pasión” para de pronto adquirir un color gris que me impulsó a buscar una madurez en tonos azules y violetas.

Aún recuerdo cuando desde muy niña, yo no me visualizaba a futuro. Yo no soñé jamás con ser mamá o ser esposa. Yo no soñé jamás con una profesión o actividad específica. Yo no veía en mí ninguna capacidad extraordinaria y si me preguntan al día de hoy cuál es mi pasión, debo confesarles que no hay ninguna o que siento pasión por todo.

Me limité desde entonces a vivir mi día a día, a disfrutar de lo que llegaba o a sufrir por lo que se iba. Pasé por una infancia en la que tenía sueños extraños y veía fantasmas. Pasé por una adolescencia en donde realmente me enfoqué en lo místico, leer las manos y las cartas y llegó mi juventud en donde me enfrenté a aceptar que el mundo no sólo era lo que yo creía sino que había mil cosas más allá.
Paso entonces la edad del amor, de las ilusiones, de las fiestas y de la falsa sensación de “libertad” que por lo general los jóvenes viven.
Esa etapa en la que sientes que el mundo te queda “chico” porque eres invencible, esos años en que tú eres lo más inteligente que existe sobre la Tierra y donde la vida es fácil.
Y comienzan los tropiezos, los errores, las “raspadas de rodilla” como les digo a esos momentos en que la vida misma te dice “alto”, la vida no es eso que tú crees.
Y pareciera entonces, que retomas aquello que fuiste e intentas “reconectarte” ya no con el ser invencible, sino con el ser vulnerable y abierto a lo que llegue.

Ese momento en el que “de golpe y porrazo”, descubres que tener una pareja carece de importancia si no es la persona óptima para ser tu compañía. Ese momento en que de pronto, descubres que debes ser capaz de salir adelante sin tu familia porque nadie es eterno. Ese momento en el que te cuestionas lo que quieres hacer para vivir. Ese momento en el que debes tomar decisiones fuertes, tajantes, determinantes tan sólo para ti.
Un momento para aprender más, leer más, ver más y escuchar más. Un momento en el que el Universo, pareciera ponerte en charola de plata, aquello que siempre buscaste o aquello que jamás imaginaste.

Y de pronto, esa niña que veía fantasmas y que siempre amó peinarse a “lo despeinada” hoy tiene nuevos conocimientos y goza de trabajar con las personas.
Esa jovencita que fue un remolino rompe cosas, quiere ahora dar paz y luz a otras personas. Siente la necesidad de animarlas y empoderarlas para que brillen por todo lo alto. Mostrándose abierta todos los días, a las más descabelladas o desgarradoras historias de vida.

Me da lo mismo si viene a verme un político con problemas económicos, que si viene una ancianita humilde que toda su vida fue curandera o si viene una jovencita triste porque su novio la engañó o aquel hombre a decirme que a sus dos hijos se los llevan por la noche una especie de seres reptil. O quizá es la señora asustada porque su ángel le advirtió que estábamos cerca del fin del mundo.

Hoy me he convertido en algo que jamás en mi infancia imaginé ser. Conviviendo a diario con vidas muy distintas o muy similares a la mía. Conociendo personas con todo tipo de creencias y expectativas. Sintiendo alegrías y tristezas.
Ayudando en la medida de mis capacidades, tanto a las personas que sufren porque viene el fin del mundo, como a las personas cuyo conflicto mayor es su enfermedad o la de sus hijos.
Personas ricas y personas pobres. Hombres y mujeres que tal vez como yo en su momento, están viviendo su etapa gris.

Y no me dejarán mentir estas personas, cuando yo diga que hay ocasiones en que sus historias me hacen enojar porque veo cómo han sufrido muchas injusticias, personas que me hacen llorar o que me hacen levantarme y abrazarlos. Y cómo siento que cada una de esas personas, se lleva un pedacito de mí, dejándome un pedacito de ellos.
Todos los días que conviviendo con personas nuevas, distintas, diferentes o muy similares. Con historias que podrían romper cualquier corazón o quitar el sueño para siempre.
Historias de vida repletas de amor y abundancia combinadas con otras repletas de violencia, desvalorización y humillación.

Y llego al momento en que no me queda más que agradecerle a la vida el haberme puesto en éste camino, porque como efectivamente lo dice una frase maravillosa: “sanándote tú, me sano yo”.
Y sigo en la línea, a medio camino, viviendo entre lo místico y lo material, entro lo espiritual y lo realista. Sabiendo que hay mucho más allá que no vemos ni comprendemos pero aceptando que por ahora, nos toca estar acá viviendo lo mejor posible.

Todos somos seres humanos en busca del amor, de la paz, de la salud, de la felicidad, del sueño y descanso tranquilo.

Pero luego de varios años de aprendizaje, trabajo, experiencia y convivencia con cientos de ustedes, llego a la conclusión de que “algo” efectivamente está cambiando en estos últimos dos años. Pareciera que esa vida que todas las personas teníamos más o menos clara, se ha transformado de pronto en una gran nebulosa que obstruye la visión y compresión lo que viene.

Adolescentes que tenían claro lo que querían estudiar, de pronto sienten ganas de abandonar y dedicarse a otra cosa como aprender a trabajar con metales o madera.
Adultos que tenían claro que trabajaban en lo que amaban, de pronto sienten ganas de botar su trabajo y mudarse a otro sitio para aprender a sembrar árboles frutales o alimentos orgánicos.
Ancianos que estaban resignados a una vejez pacífica de pronto pareciera que sintieran un impulso inexplicable por aprender a tocar un instrumento o por enseñar a otros algo que dominan.
Niños que parecían tan sólo estar interesados en jugar, ahora pasan sus días haciendo preguntas extrañas o de difícil respuesta.

Algo está cambiando, algo está pasando y no lo vemos del todo.

Y por más realista, coherente, sensata, racional o perceptiva que yo sea en mi día a día, tengo que aceptar que la “vibra” de las personas en mi entorno, del mundo entero está modificándose. Yo misma siento que algo dentro de mí se está modificando, transformando.
De pronto, aquella persona que tiene sueños extraños, siente lo mismo que una tarotista, que un jovencito dedicado al deporte o que un ingeniero de obras.
Todos ellos incluida yo, pareciera que de pronto entramos en una frecuencia de “hay que prepararse”, hay que abrirse a una percepción más allá.

Yo por mi parte, siento unas ansias enormes de irme a vivir al campo, de ya dejar la ciudad y además lo vivo con una sensación de “prisa”. Siento una necesidad profunda todos los días de “estar en paz”, como si fuera un requisito primordial.

¿Y a qué quiero llegar?

A que en las últimas semanas, muchos de los mensajes que recibimos o en muchas de las terapias en las que platicamos, el tema que siempre sale a la luz, es todo lo que ocurre en el mundo: Terremotos, inundaciones, asesinatos, tierra que se abre o se hunde.

Parejas que ya no saben si casarse o esperar el fin del mundo.
Parejas que ya no saben si embarazarse o mejor no hacerlo.
Personas que no saben si dejar sus casas y mudarse o esperar.
Personas que hasta han pensado en quitarse la vida porque no quieren ver una desgracia mayor.
Personas que aseguran vendrá Dios a salvarnos y personas que aseguran bajarán naves a rescatarnos.
Personas que creen que no pasará nada y personas que ya están preparando grandes alacenas con agua y víveres.

Y esa niña que veía fantasmas de niña y que hoy se siente plena trabajando con todos ustedes, sólo puede decirles que lo mejor que pueden hacer es escuchar su voz interior. Yo no tengo más sabiduría que ninguno de ustedes, yo no soy perfecta y ni con toda mi experiencia de vida, tengo la menor idea de lo que pueda o no pueda suceder.

Si esa voz les dice que se vayan, háganlo. Si esa voz les dice que todo es una reverenda estupidez, sigan adelante con sus vidas. Si esa voz les dice que hay peligro, créanlo. Si esa voz les dice cásate y forma tu familia, sigan adelante. Porque así como cada uno de todos nosotros tiene en su mente y en su corazón una vida diferente, del mismo habremos de respetar que cada uno de nosotros vino a aprender cosas diferentes. Y si yo estoy enfermo o tengo un familiar enfermo, no me voy a desentender por miedo a lo que “podría” pasar. Si yo estoy esperando un bebé, no voy a dejar de cuidarme por lo que podría o no podría pasar.

Y no porque se diga que se acerca un gran terremoto que destruirá el mundo, yo voy a dejar de bañarme, desayunar y trabajar con gusto.
Y no porque se diga que no pasará nada, yo voy a dejar de hacer mi mochila de emergencias o dejar de pagar el seguro para mi casa.

Yo creo que se trata de continuar cada uno con nuestras vidas, confiando en que si pasa algo así debía ser y que si no pasa nada, también así debía ser. Se trata de continuar amando, soñando, comiendo y bailando. Se trata de continuar cada uno con su camino sin perder de vista el estar atentos.
Sabemos que el miedo, es el peor enemigo que tenemos. Y sabemos también, que en un caso extremo de riesgo, todos y cada uno de nosotros, hará lo mejor o lo posible por sobrevivir.
Sabemos que tenemos la capacidad para seguir entregando nuestro 100% a aquello que a diario hacemos y de seguir disfrutando de nuestras vidas y nuestros planes a cada segundo.

Y si estoy completamente equivocada y efectivamente sucede algo, pues al igual que ustedes ya lo afrontaré con lo mejor que yo tenga en mi interior.
Y si llego al final de mis días y nunca pasó nada, pues agradeceré a la vida por todo lo que viví.
Se trata de estar aquí y ahora. De disfrutar éste instante, porque es lo único que tenemos tangible. Ser buenas personas, ser honestos y hacer que cada momento de nuestras vidas sea el mejor.

Así las cosas …

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.