LA MALA COSTUMBRE – Por Elizabeth Romero Sánchez de Akasha Sanación Integral – México

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LA MALA COSTUMBRE

La mayoría de nosotros vive pensando que esto será eterno. Que somos inmortales y que las desgracias sólo le pasan al de al lado. Vivimos inmersos en una ignorancia que nos hace débiles y solo lamentamos lo ocurrido cuando ya es demasiado tarde.

Y es que…

Tenemos la mala costumbre de dejar todo para luego, de reír poco y de querer hacerlo mañana.

Tenemos la mala costumbre de echar de menos, en lugar de hacerlo de más. La mala costumbre de usar los “luegos” y no los “ahoras”. Luego te llamo, luego te escribo, luego te contesto, luego nos vemos. Y obviamente nunca llamó, nunca escribió, nunca contestó y nunca fue visto.

Tenemos la mala costumbre de querer tarde. De valorar tarde. De pedir perdón demasiado pronto. Debería haber un número máximo de perdones. Perdonar nos hace grandes, de acuerdo, pero cuando tienes que perdonar todos los días, al final un lo siento se convierte en el comodín de cualquier pretexto injustificado, innecesario e inmerecido.

Tenemos la mala costumbre de defender al malo y descuidar al bueno. De contar mentiras y de tener que hacer una maestría para descubrir verdades. Mantenemos en nuestra vida “amigos” porque sí y llenamos nuestras agendas de compromisos a los que realmente no queremos ir.

Tenemos la mala costumbre de sentirnos mal por decir no y de creernos mejores por decir si.

Tenemos la mala costumbre de esperar un cáncer, una mala noticia o una llamada de que alguien querido se nos fue, para tomar las riendas de nuestra vida y empezar a apreciar cada puesta de sol, cada mañana que te levantas de la cama y cada luna que abrazas en tu almohada.

Tenemos la mala costumbre de usar el descuido a diario, olvidando que los pequeños detalles importan, que los pequeños detalles construyen grandes caminos y que cada lunes, puede ser el mejor día de la semana.

Tenemos la mala costumbre de quejarnos por todo, de culpar siempre al otro porque claro, tú eres un ser perfecto y nunca, nunca, haces nada. Siempre es la parte contraria.
Decimos muy pocos te quieros y hacerlo por primera vez es como “Uff que va, no vaya a ser que se asuste”. ¿Asustarse de qué? ¿Cómo una persona puede asustarse porque alguien le quiera?.

Asústate si algún día te vas a la cama sin sentir que quieres a otra persona.

Asústate el día que te vayas a dormir sin decirle a esa persona lo importante que es para ti.

Asústate cuando no le des besos a los que quieres.

Asústate cuando seas incapaz de abrazar a alguien y sentir esa sensación tan extraordinaria que producen los abrazos.

Asústate cuando las defensas de tu cuerpo se hayan vuelto inmunes al dolor ajeno.

Y cuando veas una injusticia y no hagas absolutamente nada para remediarlo.

Asústate cuando pases un solo día sin hacer algo lindo por ti.

Asústate de verdad, porque créeme. Estás muerto.
Y es que…

Tenemos la mala costumbre de trabajar demasiado, de cargar con una mochila llena de cosas innecesarias y de comer más de lo que nuestro cuerpo necesita.

Tenemos la mala costumbre de creernos mejores que los demás, de bailar poco, fumar mucho y respirar a medias.

Tenemos la mala costumbre de ir caminando por las calles de nuestra ciudad mirando al suelo, o a nuestro teléfono móvil.

¿Alguna vez te has dado cuenta de lo bonitos que son los edificios de esas calles por las que pasas a diario? Por no hablar de la luz de las estrellas.

Tenemos la mala costumbre de empezar el gimnasio la semana que viene. De cuidarnos cuando ya es demasiado tarde y de tomar consciencia de nuestras emociones hasta que estamos enfermos.

Tenemos la mala costumbre de creer que el pelo de aquella es mejor que el nuestro. Que su suerte es nuestra desdicha y de compararnos con los demás como si fuésemos mercancías para compradores en internet.

Tenemos la mala costumbre de medirnos por nuestros estudios o por nuestra altura. De confundir la belleza con la delgadez y de creernos que no somos capaces de conseguirlo, porque alguien una vez así, nos lo hizo creer. Y no fue nadie más que tú mismo.

Tenemos la mala costumbre de apuntarnos en clases de idiomas, cuando ni siquiera dominamos el nuestro. De querer conocer el mundo y viajar lo más lejos posible cuando aún, nos quedan lugares maravillosos por descubrir en nuestra propia tierra.

Tenemos la mala costumbre de contaminar el mundo y de lavar la ropa con el suavizante con aroma a la flor más exótica, en vez de lavar nuestras conciencias.

Tenemos la mala costumbre de querer ayudar a todos, cuando no nos han pedido ayuda. Y empecinarnos con sanarlos creyendo que es nuestro deber.

Tenemos la mala costumbre de buscar soluciones a los problemas de los otros sin primero analizarnos nosotros mismos.

Tenemos la mala costumbre de escuchar poco y hablar demasiado. De dar consejos y juicios de valor sin ser conscientes del poder que pueden llegar a tener nuestras palabras. Dejamos demasiado pronto y tenemos muy poca paciencia. Objetos de usar y tirar, sin importarnos lo más mínimo su destino.

Tenemos la mala costumbre de creernos que lo sabemos todo. Cuando realmente, no tenemos idea de nada.

Tenemos la mala costumbre de Whatsapear mucho y meditar poco.

Nos pasamos media vida o la vida entera, soñando con esa vida perfecta que nos gustaría tener. Cuando somos ajenos a que realmente la vida perfecta es ahora.

Es cada momento, cada instante de los segundos que marca el reloj de tus días. Es cada oportunidad, cada sonrisa, cada beso y cada vez que te enamoras.

¡ENAMORÉMONOS TODOS LOS DÍAS DE NUESTRA VIDA!

No pongas barreras a tu corazón y deja los prejuicios para aquellos que llevan el cartel de cobarde escrito en tinta permanente. Ni con disolvente se va.

Empieza a acostumbrarte a esta vida que a veces es dura. Terriblemente dura. Pero no te lamentes ni te vayas nunca a la cama habiendo hecho daño alguien. Habiendo dejado para luego esos “ahoras” que nunca llegaron.
No habiendo cumplido ese sueño que tanto querías, no habiendo hecho unos kilómetros de más ese día porque tu cuerpo estaba cansado.
No permitas que alguien fallezca para luego recordarlo y decirle mirando su foto, cuánto le querías, o vivas yendo cada año a dejarle flores a una tumba de piedra con pellejos putrefactos dentro.

No dejes que la rutina o la sensación de eternidad descuide lo verdaderamente importante de tu vida.

En definitiva, no dejes que la mala costumbre sea la invitada de honor en los días que te quedan por vivir a partir de hoy.

Quiere ahora, no mañana.

Akasha Sanación Integral – Elizabeth Romero Sánchez.

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