Vida y milagros de una familia urbanita viviendo en el campo

 

“Nuestros abuelos vinieron a vivir a la ciudad. Hoy muchos regresamos al campo. Es una tendencia minoritaria y a la vez creciente.  Se trata de ese NUEVO ÉXODO SILENCIOSO y contínuo de vuelta al mundo rural para vivir de otra manera. Las familias son candidatas especiales. El Estado apenas ha invertido en incentivar este nuevo fenómeno y en canalizarlo para repoblar con sentido territorios con un inmenso valor ecológico y cultural que bien lo merecen y necesitan”
“Para nosotros una vida en el campo debía significar otro modelo de vida, no sólo un traslado físico del entorno donde vivir. Lo realmente difícil es el reto de encontrar fuentes de ingreso cercanas para intentar vivir de otra manera. VIVIR CON MENOS PARA SER MÁS FELIZ. Un vida más simple que busca, por que no, la belleza y donde seamos más dueños de nuestro tiempo. Una vida sin la obligación de largos traslados diarios y donde el contacto con los tiempos de la naturaleza impregne más nuestros días. Prevenir antes que curar, alimentos sanos para el cuerpo y el espíritu, no necesitar estar constantemente rodeados de gatdgets tecnológicos y recursos de pago para vivir, relacionarse o poder divertirse. El ser antes que el tener”
“Estamos comprobando que la vida en nuestra nueva vida en el campo NO TODO ES TAN IDÍLICO COMO NOS GUSTARÍA. Irse a vivir al campo es todo menos fácil. Me temo que todos los paraisos terrenales sólo existen en nuestra mente. En los siguientes artículos de esta serie queremos contaros como es aquí la vida cotidiana con nuestra hija, la vida y milagros de una familia urbanita viviendo en el campo”
Max y Susagna

¿Cómo viven las familias que un día deciden abandonar la ciudad y comenzar una nueva vida en el campo cambiando de residencia, colegio, trabajo, amistades y hábitos?
¿Es todo de color de rosa? ¿Se arrepienten y vuelven? ¿Cómo podemos aprender de su experiencia?
Os presentamos 3 artículos de una familia joven catalana que llevan dos años como neorrurales y en “Vida y milagros de una familia urbanita viviendo en el campo” relatan con sinceridad y humildad sus razones, su día a día, sus dificultades, sus grandes conquistas y sus vivencias.
Su testimonio es un gran ejemplo de que existen caminos alternativos a la forma de vida oficial y que cada uno podemos encontrar el nuestro, porque Max y Susagna de Familias en ruta estuvieron viajando con su hija de tres años por países de América del Sur, como nos contaron en este artículo, y a su vuelta se embarcaron en el nuevo proyecto de vivir en el campo con sus dos hijos, un perro, caballos, cabras, gallinas, patos, conejos, golondrinas, murciélagos, dragoncillos, mosquitos, avispas, hormigas, moscas y más.
Los tres relatos los podéis encontrar en su blog: 12 y 3. Os los recomendamos efusivamente porque no solo son una crónica de vida sino también una crítica de la sociedad actual y una defensa de un mundo distinto, de vivir con menos y mejor, de un mundo desacelerado, sencillo, ecológico, pleno y REAL.

Y a continuación hacemos un resumen de sus mensajes y citas:

“Ya nos guardaremos de pontificar nada o de dar por sentado verdad alguna. Somos UNA SIMPLE FAMILIA, una pareja de aprendices y su hija pequeña también aprendiendo cada día a sus preciosos cuatro años. Nuestra vivencia es subjetiva y particular si bien nos encantaría saber que puede ser de utilidad”
“Un buen día decidimos a dejar nuestras cómodas vidas urbanitas para viajar durante ocho meses con nuestra hija de tres años por varios paises de América Latina. A nuestro regreso nos esperaba un grata sorpresa, algo que hacía  que nos lo planteábamos: nuestra ilusión por irnos a vivir al campo se hizo realidad y desde hace unos meses una granja ecológica es nuestra casa.Así que para nosotros de alguna manera sigue nuestra ruta; la vida misma es un continuo viaje real o figurado”
“Teniendo hijos cambian las prioridades, sentimos que no podemos disfrutar tanto de lo que ofrece la ciudad, que tenemos otras prioridades y… que las viviendas con más habitaciones son increiblemente caras. En la ciudad, especialmente en la gran ciudad y su zona metropolitana, cuando somos padres a menudo sentimos que nos afectan más sus externalidades: ruido, contaminación y esa incómoda sensación de soledad en medio del gentío”
“Pero “vivir en el campo” es una de las expresiones más imprecisas y tramposas que podemos encontrar. Vivir en el campo puede significar una cosa y su contraria (…). Muchos piensan como solución: nos vamos a vivir al campo. A una casa más grande con un pequeño jardín y hasta piscina si puede ser. Una casa que hay que pagar a menudo hipotecándola en un banco. Una casa situada junto a centenares de otras casas iguales y para cuyo acceso se necesita construir carreteras, unas carreteras por las que debemos transitar durante largas horas al día en busca de un atasco de autos camino a nuestro trabajo…situado en la ciudad (…) El american way of life o sueño americano y los suburbios como modelo global (…) Pero también puede significar otra cosa”
“Nadie quiere volver a las cavernas. Algunos interesados en que consumamos hasta morir tratan de caricaturizar esta forma de ver la vida y presentarla como algo exótico pero en realidad esta nueva conciencia está impregnando cada vez más a muchas personas de todas clases en nuestra sociedad  (en Francia representan ya el 2% de la población). Estos ciudadanos a los que no les da la gana de dejarse llevar por la marea de este despropósito de la prisa, el mal humor y el usar y tirar constante de las cosas y de las relaciones humanas. Personas y familias normales (aunque tal vez no convencionales) que quieren otro mundo mejor para ellos y sus hijos, otro mundo para todos”
“Las modalidades para esa vuelta neorural son muy diferentes y también lo son los niveles de éxito.Cada uno se “inventa” una manera para alcanzar lo más posible la autosuficiencia económica. En nuestro caso empezamos viviendo y cuidando como masovers (caseros) una granja ecológica situada en la comarca de L’Alt Camp en Tarragona, Les Esplanes, que es desde donde me conecto a la red y desde donde publicamos actualmente FamiliasenRuta. Los dueños se fueron de viaje con sus hijos en una ruta viajera de carretera y manta por Europa”
Nuestro ritmo de vida había ido disminuyendo, ya que hacía meses que huíamos de la prisa como de la peste. Un ritmo o tempo vital que se alejaba de las imposiciones de un despertador, del ritmo frenético que una gran ciudad, de las agendas condensadas en el trabajo, en la vida social y familiar, de la invasión de estímulos que una gran ciudad ofrece”
“Vida simple es una de las metas que perseguimos. Huimos de los excesos de necesidades creadas por una vida consumista”
“El 100% de la energía que aquí se utiliza es energía alternativa. No estamos conectados a la red. Unas placas solares y el molino de viento nos alimentan con energía solar y eólica”
“Se aprende a convivir con la luna que se puede divisar cada noche, a entender porque en el campo muchos se alegran de que llueva aunque sea sábado, a darse cuenta de como desgraciadamente cada año decrece el número de mariposas y de abejas, a disfrutar de las comidas bajo la sombra de un algarroba, a descubrir y a jugar tú con tus hijos con multitud de insectos y a no gritar de terror cada vez que te encuentras con una araña en el baño. A maldecir a las moscas, a dormir sin ruidos. Se aprende que no hay nada como comer pan hecho en casa y se comprueba lo sabrosas que están las lechugas cuando las has visto crecer”
“La ilusión por vivir en el campo es cada vez más frecuente por parte de de muchas personas que viven agobiadas en la ciudad. Un sueño posible que merece la pena perseguir si de verdad se desea (…) En la ciudad nadie regala nada, en el campo tampoco. Se impone buscarse la vida, inventarse alguna actividad que genere recursos económicos: plantaciones ecológicas, dedicarse a cuidar casas o jardines, dedicarse al turismo y/o la restauración, elaborar y/o vender artesanías, etc.”

Sitio oficial: Familias en ruta 12 y 3
INFO recomendada por Familias en ruta

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