QUE DA UN TERAPEUTA?

Cuando accedemos al mundo de las terapias como activos terapeutas, (En mi caso, primero con Energía Universal y Humana en Vzla y actualmente con Reiki) nos surge un planteamiento muy serio sobre la responsabilidad que conlleva ese interactuar con las energías del paciente y considerar lo que me pasa a mi también, por eso, comparto éste artículo posteado en Senderos al Alma de Roxana, que si bién, se refiere principalmente a la psicoterapia, también sucede en otros sistemas como al que me refiero cuando digo Reiki u otros.

Por favor, lean “entre lineas” lo que se relaciona con esos otros tipos de terapias y deseo que sepan sacar su conclusiones útiles para su trabajo que lleva un muy alto ingrediente de AMOR !!!

Abrazos de Luz !!! Tom

Vocación, burn out y cuidado de sí
por Virginia Gawel y Eduardo Sosa

Luego de tantos años de ejercer la práctica terapéutica y de, a su vez, supervisar a quienes la ejercen, quisiéramos compartir algunas observaciones respecto de cuál es el verdadero dar de un terapeuta que esté comprometido con su tarea. Y cabe aclarar que no estamos haciendo alusión a quien se dedica a esta profesión meramente utilizando como recurso el moverse en el mundo de las abstracciones intelectuales, vinculándose con su paciente a través de una distancia gélida e impersonal. No. Estamos hablando de quien, al ejercer como psicoterapeuta***, se da a sí mismo: sus experiencias de vida, sus propios fracasos y aciertos, su investigación exhaustiva sobre sus procesos internos, su disposición a relacionarse de un modo afectuoso y profundo con quien, circunstancialmente, es su paciente.
Nos pareció importante abordar este tema para…

1. que quienes sean terapeutas puedan observar estas pautas en el propio ejercicio de la profesión, apuntando a concientizarlas y también a cuidarse de un modo inteligente (ya veremos por qué esta alusión…);
2. que quienes sean pacientes comprendan qué es lo que esa persona a quien llaman “mi terapeuta” les está brindando a través de su trabajo, más allá del tiempo que dura una sesión.

Vayamos entonces al nudo de la cuestión…
* Cada paciente, un contenido interno
En distintas Psicologías de Oriente, tal como la Psicología del Yoga, se describe el universo interno como un campo de conciencia que está usualmente ocupado por contenidos: recuerdos, preocupaciones, imaginarios, y, más profundamente, traumas, conflictos, complejos, etc.. Podríamos representar esos contenidos así:

El trabajo sobre sí consistirá en aprender a observar esos innumerables contenidos psicológicos, entrenándose para reconocerlos, discernirlos: su dinámica, sus características, su naturaleza, los patrones bajo los cuales se estructuran… Y, al observarlos y discernirlos, hacer contacto con la conciencia en sí: el sustrato de Vida que sostiene esos contenidos (es decir, su continente). En esto consiste la meditación, y cualquier otro trabajo serio y profundo sobre sí mismo. El desconocimiento de nuestros contenidos internos hace que éstos gobiernen inconscientemente nuestra conducta: los proyectamos, generan síntomas, impulsan elecciones mecánicas…
Ahora bien: el trabajo personal de un terapeuta consistirá, en parte, en investigar a fondo sus propios contenidos internos, no sólo para no proyectarlos sobre el paciente, sino también porque de su autoindagación obtendrá las herramientas para acompañar a su paciente a que realice la suya: observarse, discernir, comprender. Pues un terapeuta ayuda, fundamentalmente, a que su paciente pueda realizar este trabajo en su propia interioridad. Es como si le prestara una conciencia entrenada en el arte de observarse, conciencia que el paciente irá aprendiendo a desplegar en sí mismo.
Pero hay algo más que un terapeuta da de sí: como en una radiografía psíquica, imaginemos cómo podrá ser el campo de conciencia de un terapeuta que atendiera a varios pacientes (en el gráfico representados por el triángulo rojo):
Cada uno de esos triángulos no simboliza un mero dato, -como podría serlo un cliente para un empresario o un comerciante-: cada triángulo implica un entretejido de información con fuerte carga afectiva, que se va complejizando sesión tras sesión: dolores, traumas conflictos, pasiones, anhelos, frustraciones, bellezas…
Esto significa algo fundamental: que un paciente no contrata meramente cincuenta minutos del tiempo de su terapeuta, sino que, por decirlo de algún modo, “arrienda un lote” entre sus contenidos de conciencia, se instala en su interioridad, tal como un injerto lo hace en una planta. Y es necesario que así sea, si es que estamos hablando de un verdadero proceso terapéutico. Así, fuera de esos cincuenta minutos compartidos, el terapeuta tendrá dentro suyo los contenidos de su paciente durante toda la semana: no sólo intencionalmente reflexionará sobre lo que le sucede, sino que también espontáneamente le tendrá presente, le surgirán soluciones, emergerán sentimientos, soñará con esos asuntos que le son ajenos…
Qué es lo que estará entonces sucediendo? Que no sólo los conocimientos académicos de un terapeuta estarán disponibles para su paciente, sino también una parte de su propio Inconsciente, de modo tal que trabajará junto con el Inconsciente del paciente, tal como podrían hacerlo dos computadoras en red. Así como existe hoy en día la posibilidad de que una madre fértil incube el bebé de otra que no puede hacerlo, para darlo a luz, el “vientre invisible” del terapeuta albergará parte del proceso de elaboración que su paciente esté realizando. Pero esto sólo será fructífero si el paciente pone su parte. Sólo de ese modo el proceso llegará a buen puerto, resultando una tarea sinérgica en que la potencia de dos Inconscientes se unifiquen con un mismo objetivo: cicatrizar heridas, y, sobre todo, posibilitar la actualización de todo el potencial obstruido que el paciente pueda tener. Desde ya, esto redundará también en un crecimiento interno del terapeuta, lo cual será quizás su beneficio mejor…
* Las visualizaciones tóxicas y el burn out en los psicoterapeutas:
Esta tarea interna que el terapeuta despliega si ejerce su rol con real vocación, es ardua de sólo pensarla referida a un paciente. Qué podemos imaginar que sucederá cuando se trata de cinco, diez, veinte, treinta…? En ese sentido, habrá un límite de salud que no sólo estará dado por la cantidad de horas-consultorio que un terapeuta agende, sino por la cantidad de contenidos de conciencia que pueda sostener en proceso, -contenidos de cada uno de sus pacientes-, sin que su propio sistema psicológico colapse.
Ese colapso del sistema psicológico del terapeuta hoy se conoce como síndrome del burn out (“síndrome del quemado”, concepto introducido por Freudemberger en 1974, y tenido en cuenta aún por la Organización Mundial de la Salud). Este síndrome se da no sólo en psicoterapeutas, sino en distintas profesiones que implican un trato constante con personas, exigiendo altos niveles de stress laboral. Llevado a sus últimas instancias, deriva en que un profesional pueda llegar a no querer ejercer nunca más. Que rechace cualquier contacto de orden asistencial. En el caso de un psicoterapeuta, que no quiera escuchar un solo problema más. Que no soporte la exigencia de tener que admitir entre sus contenidos de conciencia a un nuevo “inquilino”, o a los nuevos problemas que sus habituales pacientes necesiten traerle. Esta situación puede ser extremadamente grave, trayendo consigo ansiedad aguda, depresión, sensación de vacío interior, abrumamiento, insomnio, síntomas psicosomáticos, desgaste emocional, sentimientos de ineptitud y despersonalización…
De allí la enorme importancia que debe dársele al cuidado de sí mismo cuando se es terapeuta. Esto valdría para cualquier otra profesión asistencial, pero será el psicoterapeuta quien en general penetre más profundamente en la carga emocional inconsciente que el paciente lleva, y tenga una frecuencia de contacto lo suficientemente cercana como para “quedarse impregnado” de él, semana tras semana.
Es digno de ser destacado un aspecto esencial que distingue el burn out que experimentan los psicoterapeutas respecto del que pueden vivenciar otros profesionales que ejercen la asistencia a pacientes: para que un psicoterapeuta sea eficaz será condición indispensable que pueda “meterse en el sistema interno” de su paciente, “entrar” en él, poder ver el mundo con los ojos de su paciente para comprender cómo se posiciona ante la vida, qué imagen tiene de sí, cuáles son sus referencias cognitivas, su construcción de la realidad. Sólo de esta manera podrá ayudarle a desarticular los esquemas neuróticos que sostengan su sufrimiento. Y su arte consistirá en entrar en él, sin quedar atrapado en él. Menuda tarea!
Ahora bien: aunque parezca que nos vamos de tema, pronto Ud. verá que no es así… Desde hace varias décadas existen estudios bien consistentes respecto de la eficacia que tiene la generación intencional de imágenes gratas para modificar el estado de salud física y psíquica de una persona: la Visualización Terapéutica, la PNL, la Sofrosis, el enfoque Simonton, y muchas otras técnicas nos señalan que la autocreación de imágenes placenteras desde un estado de relajación genera una química de salud en el organismo de quien la practica. Esto es tan contundente que en la actualidad se utilizan técnicas de visualización en pacientes con quemaduras, con cáncer, con HIV y muchas otras enfermedades orgánicas, así como para todo tipo de trastornos emocionales y para la disminución del stress. El paciente imagina paisajes, situaciones agradables, numinosas, reparadoras… y esto dispara en su sistema nervioso la química correspondiente, (en particular a través de sustancias específicas del sistema nervioso llamadas endorfinas), con un efecto terapéutico pasible de ser medido científicamente. Entonces: qué pasaría si a una persona, en cambio, se le pidiera que se relaje y que durante unas tres, cuatro, cinco o seis horas al día, sin cesar, visualizara muertes, escenas de abuso infantil, situaciones desesperantes, y minuciosos dolores de diversa índole? Ese tipo de “visualización” es la que ejercita un terapeuta en cualquiera de sus jornadas laborales al escuchar el relato de cada uno de sus pacientes. Y, por supuesto, además de consustanciarse con estas imágenes que abundan en cada sesión, convivirá con las asociaciones personales que esos relatos despierten en su propia memoria emotiva, con la necesidad de estar atento a no mezclarlas, no transferir, no proyectar…
Cómo afectan estas visualizaciones tóxicas al universo psicofísico de un terapeuta? Cómo incide en su propia neuroquímica, y, por ende, en su ánimo, en su sistema inmunológico, en su salud? Tendrá mucho trabajo para hacer en sí mismo, de modo que su entrega vocacional a la tarea que ha elegido no se vuelva justamente el instrumento de su autoanulamiento.
…Y habría mucho más por decir sobre lo que un terapeuta entrega a su paciente además de lo evidente. Si Ud. es terapeuta, o si Ud. es paciente (o si lo ha sido, o lo va a ser), quizás estas reflexiones le ayuden a valorar de otro modo esa función que se asume al ejercer esta tarea de procurar ayudar a otros. Si ambos, -terapeuta y paciente-, saben que todo esto está sucediendo… tal vez un nuevo modo de apreciación mutua pueda gestarse. Una modalidad muy peculiar de afecto. El que dos personas pueden sentir recíprocamente cuando ven que el otro está comprometido con ser alguien íntegro, a pesar de todos los riesgos y dificultades del Camino…

***Agrego: No solo con psicoterapeuta, creo que en todo tipo de relación terapéutica.

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