SI LAS MUJERES ENTENDIERAN

Sublime y cierto… Diría que es la expresión de una de las CLAVES para convertir una relación de cualquier tipo, en la perfecta COMPLEMENTACIÓN de lo femenino + lo masculino – Se llama en mi idea, SENSIBILIDAD que a su ves se manifiesta como TERNURA !!!
Gracias por compartirlo Romina!
Abrazo de Luz!!!
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Romina García – En Facebook
SI LAS MUJERES ENTENDIERAN
Si las mujeres entendieran… que los hombres también tienen miedos, pero sin tanto permiso para mostrarlos. Que hay emoción en el ruido de un motor o en el grito de un gol. Que valoran mucho más el exceso de sonrisas que tres kilos menos. Lo abrumador de ser el sostén económico de una familia. Lo que es tener que ser valiente, poderoso y exitoso a toda hora.
 
Lo molestas que son las comparaciones con “el marido/novio de”. La necesidad que tienen de un abrazo que no siempre saben pedir. Lo difícil que es comprender lo que nunca se les ha enseñado. Las lágrimas que no se animan a llorar. El poder que como mujeres tenemos sobre ellos. Que ellos también pasan noches sin dormir.
 
Que necesitan silencio, como nosotras charla. Que no andan por la vida pensando en cómo lastimarnos. Que son más débiles de lo que su altura y músculos dirían. Que sacar lo mejor o peor de ellos está en nuestras manos. Que piensan y razonan diferente. Que sienten muy parecido. Que demuestran sentimientos como pueden o como aprendieron.
 
Si las mujeres entendiésemos todo esto, si lográsemos mirar más allá de algunos olvidos, si nos diéramos cuenta de que no hay todos o ninguno, si pudiésemos sentir que para ellos la mejor demostración de amor es habernos elegido, si las mujeres bajáramos un poquito la guardia, los reproches y tantos reclamos, si pudiéramos incrementar las sonrisas, los brindis y la picardía y si los dejáramos hacer sin tanto mandato ni expectativa, comprenderíamos que somos lo que le da sentido a sus vidas.
 
Como mujeres, novias, madres, hijas, hermanas o amigas. Al final del día, donde se acaban las bromas, donde no hay público ni formas, donde solo queda un hombre y sus latidos, ahí estamos nosotras… con el que cada una eligió
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Terapias Energéticas Bio Well – Kirlian Digital – Taller en Salta, Argentina.

De viaje a la Provincia de SALTA en Argentina, tuve oportunidad de aportar experiencia en la utilización del método Bio Well a mis colegas y comparto una muestra del resultado, por demás ameno y satisfactorio!

Abrazo de Luz 

Thom Siklosi 

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Exitosa transmisión de conocimientos del manejo de Bio Well, sus dispositivos y accesorios a mis colegas Terapeutas de la Ciudad de Salta en el Centro de Estética de la Dra. Gloria Farfan, Bioterapeuta, Alejandra Farfan, Terapeuta Corporal y la presencia de la Anestesista Susana Molina de Jujuy y del Licenciado en Osteopatía, Kinesiología, Mauricio Ontiveros
Un grupo de calificados Terapeutas dedicados a diversas disciplinas que me invitaron para ampliar los conocimientos, desde mi humilde experiencia, sobre la aplicación, usos, posibilidades del método científico creado y desarrollado por el Dr. Korotkov de Rusia.
Agradecido por su recibimiento, atención y todo lo compartido con un grupo humano excepcional de profesionales!
Los experimentos de medición Antes/Después de las terapias, consumo de Agua Estructurada y las indicaciones desde los más pequeños detalles a tener en cuenta, a la hora de tomar las lecturas en los pacientes, constituyeron un ameno y productivo Taller durante 2 días.
Todo esto en un entorno realmente hermoso y armonioso como es el Centro de Estética de la Cosmiatra Esteticista Gloria Farfan que recomiendo con placer !

https://www.facebook.com/terapeutaholisitico/

 

EL FAMOSO MENSAJE DE CAMBIO

EL FAMOSO MENSAJE DE CAMBIO

Híjole, pareciera sin duda que cada que tengo un tiempo libre y me da tiempo de mirar a mi alrededor descubro cosas nuevas. Navegando por las redes sociales y por internet, es cada vez más intenso y repetitivo el mensaje de: La humanidad debe cambiar, ya no hay tiempo, ya es muy tarde, etc.

Lo contrario a lo que uno ve y escucha en la radio o la televisión, donde el mensaje es todo está bien, tú estás bien, tú diviértete, tú compra, tú estarás mejor si tomas esto, si comes aquello o si disfrutas de lo otro. Tú olvídate y laméntate porque un loco mató por allá, aquellos países se están peleando, ese político va ganando o tal autoridad fue detenida.
Sales a la calle, y lo que ves es gente corriendo, con prisa, con cara de enojo, de angustia, de aburrimiento, de desilusión. Caras largas. Personas atendiendo sus negocios con cara de “cómprame por favor”, mientras otras tantas con más poder económico tan sólo parecieran flotar en una nave de “qué bien me veo”, qué bien va mi día.

En todo este campo de observación, no faltan los buenos detalles por supuesto.
Aquella pareja de jovencitos enamorados dándose besos y jugueteando por la vida, con todas las esperanzas encima, con sueños e ilusiones para luego pasar a ver a los niños, siempre sonriendo, siempre jugueteando, siempre preguntando. Y qué tal ese grupo de estudiantes que recién salió de su escuela y van por la calle bromeando unos con otros, todos sudados y riendo a pulmón abierto.

¿En qué momento aquellos niños dejaron de sonreír, de enamorarse, de pensar sólo en el hoy y en el ahora?
¿En qué momento, esa pareja de jovencitos comenzó a vivir decepciones, traiciones, y perdió la esperanza de que sería fácil la vida?

Todos como sociedad quisiéramos un mundo diferente, más tranquilo, más equilibrado, más feliz pero ¿qué tan dispuestos estamos a cambiar algo siquiera en nosotros?
Criticamos todo y a todos, en eso somos expertos.
Juzgamos, nos burlamos, con el pretexto claro de: “mi opinión al respecto es tal o cual”.

¿Quién nos dijo que tenemos que opinar de todo?
Juzgamos a nuestros hermanos, a nuestros padres, al policía de la esquina y a la actriz que están entrevistando.
Opinamos del clima, de la economía, del político y del youtuber.
¿Alguna vez opinamos de nosotros mismos?
¿Alguna vez aceptamos que no somos perfectos sin pregonarlo como letanía populista?

“Si , sé que no soy perfecto o perfecta pero todos los días trabajo en ello”.
Sí claro!

Estamos bien puestos para mirar los defectos de los demás, pero cerrados a ver que ya desde nuestra dinámica familiar algo no cuadra.

Queremos un cambio sí, todos lo queremos y también queremos que baje el precio de la gasolina.
Queremos que la vida sea más tranquila y sin tantos coches en la calle, pero no vemos que somos un coche más en la misma calle.

Desde aquí ya podemos tener claro que “cambiar” es algo necesario para que “algo bueno” nos suceda, como humanidad sí, pero también como seres humanos individuales.
Cambiar no es fácil, para nada lo es.
El ser humano es un ser de hábitos, de costumbres, de rutinas y mucho del tiempo en nuestras vidas asumimos que somos así como ya somos y que el mundo debe aceptarnos tal cual.
Ni siquiera imaginamos la posibilidad de ser nosotros los que estamos mal en algún aspecto y si acaso lo reconocemos, tampoco hacemos nada.

Algunos somos bromistas, otros somos optimistas, otros más somos explosivos y unos cuantos más somos tranquilos. Por allá están los enojones, viviendo junto a los pacientes, enfrente viven los dramáticos, que se han casado con los ansiosos.
Pero el mensaje de un cambio en la humanidad, va todavía más allá.
Porque yo puedo con tiempo y práctica, pasar de ser envidiosa a ser compartida.
Yo puedo pasar de ser escandaloso a ser discreto si me lo propongo.
Pero si yo soy un político corrupto ¿puedo dejar de robar tan sólo porque hoy amanecí con esperanza de cambio?
¿Y qué tal si yo soy un abogado que roba o engaña a sus clientes porque todo mi linaje ha funcionado igual y yo no conozco otra manera de trabajar?
El asunto se complica porque poco a poco, ya no importa si tú eres alegre y optimista cuando tu jefe te ignora o te exige más de lo que él mismo puede dar. Cuando tu vecina sale a media noche a dejar su bolsa de la basura a media calle pensando que nadie la ve. Cuando sabes que tu compañera de trabajo le coquetea al jefe pero es casada. Cuando sabes que tu esposo saca de su trabajo material de papelería porque nadie lo vigila.

A veces pensamos que eso no “cuenta” como ser malo.
Pensamos que ser malo es dedicarse a secuestrar y a matar personas.
Pensamos que ser malo es robar jovencitas y venderlas como mercancía.
Pensamos que ser malo es robar órganos o violar.

Y es por eso que la humanidad como equipo, no funciona bien. Porque vemos lo malo de los demás sin detenernos a ver lo malo en nosotros.
Justo ese es “el cambio” que la humanidad no ha realizado.

Todos queremos una vida en paz, llena de amor, con salud, felicidad y abundancia económica. Compartiendo con una familia armoniosa, leal, unida y bien comunicada, ¿pero qué hacemos para lograrlo?

Oye, un jovencito entró a tal escuela con una arma y mató a varios personas…y la otra persona te responde: sí, pero no fue aquí fue en otro país y eso no es mi asunto, qué pena están bien locos allá.

Oye, hay una marcha de campesinos en el centro de la ciudad, creo que están pidiendo pagos justos por sus cosechas…y la otra persona te responde: Con razón yo no podía avanzar entre el tráfico, malditos indios cómo les gusta venir a hacer escándalo, mejor que se regresen a su pueblo.
Ahhh pero queremos un mundo en paz y feliz.

Vemos las injusticias que cometen contra nosotros pero no vemos las injusticias que cometemos nosotros contra los demás.

¿De qué le sirve al hombre o mujer negra, al hombre o mujer latino ser una buena persona si vive en una sociedad que los desprecia por su color o su raza?
¿De qué le sirve al político honesto un ímpetu de justicia y equidad si cuando asciende al poder es sometido por un grupo de personas que lo obliga a robar y mentir, viviendo amenazado?
¿De qué le sirve al médico preocuparse por la salud del prójimo si es obligado a sólo otorgar consultas de 10 minutos porque debe cumplir con una cuota de pacientes al día?

Esos son los “cambios” que la humanidad no logra por más que trabajemos en nosotros mismos en un cambio individual. Por más que meditemos, oremos o nos rapemos y nos vayamos al Tibet a un retiro.
No nos hemos dado cuenta de que somos pequeñas células de un todo, de un cuerpo entero con vida llamado Tierra.
Pensamos, creemos, asumimos, que nosotros somos los importantes y los demás no tanto.

Los ladrones siguen robando por más amorosos esposos que sean o buenos padres o buenos hermanos.
Los secuestradores siguen secuestrando a pesar de ser un ejemplo de bondad con sus primos o vecinos.
Los violadores siguen violando aunque vayan a misa los domingos.
Los narcotraficantes siguen comerciando con su droga.
Los políticos siguen engañando.
Los capitalistas siguen abusando.

Es bonito no lo niego, permanecer en la burbuja rosa que cada uno forma a su alrededor. Es lindo pensar que yo estoy bien y con eso ya cuenta. Es agradable pensar que puedo opinar y juzgar porque tengo libre albedrío. Sí, es bien bonito creer que mi granito de arena cuenta.
El que yo no robe, no secuestre, no viole, no venda drogas o no engañe me hace buena persona.

Pero no he visto que cada que digo algo bonito a los demás, va seguido de una queja o burla.
No he visto que soy intolerante con mi vecina porque es una maldita vieja loca.
No acepto que la comunicación con mis padres o mis hermanos va de mal en peor.
No me he dado cuenta de que esos 10 minutos que llevo leyendo esto podría haberlos utilizado en abrazar a mis hijos o platicar con mi pareja.
Nos gusta distraernos para evadir que el mundo entero no está bien.
Nos gusta pensar que todo está bien porque eso nos invita a “no cambiar” y al final de cuentas, eso es muy cómodo.

De verdad que si se acaba el mundo en un mes o dura otros 10 millones de años más es lo de menos.
Porque en esencia y aunque lo neguemos, no todos los días y jamás las 24 horas somos buenas o aceptables personas.
Queremos la rebanada de tarta más grande.
Queremos el lugar de estacionamiento más cercano a la puerta.
Queremos que nuestros hijos lleguen primero.
Queremos encontrar la mejor oferta.
Queremos pagar menos aunque el que vende pierda.
Queremos que “alguien”, nos condone esa multa.
Queremos entrar primero a la tienda para “agarrar” los mejores productos.
Queremos que la señorita nos atienda rápido, no importa si no le responde la duda a la señora que llegó con una pregunta.

Siempre queremos “ganarle” al otro.

Somos buenas personas sí, porque no matamos y no secuestramos.

Hablamos de paz, de compasión, de ayudar al prójimo, de estar en plena conciencia, de aprender y de crecer. Hablamos de divertirnos, convivir con la familia y encontrar un amor verdadero. Ah! Pero siempre y cuando, sea el día y a la hora que “tengo tiempo” porque si me agarran con prisas no podré escucharlos, porque si ese semáforo no cambia de luz roja a verde en este preciso instante yo explotaré, porque si se me atraviesa un ciclista soy capaz de echarle el coche encima, y si mi hijo baja sus calificaciones éste mes me va a conocer.

Hablamos de justicia y honestidad para con nosotros, pero ¿cuándo nos damos el tiempo para calificar nuestra propia capacidad de ser justos y honestos?
Navegamos con bandera de buenas personas cuando en el fondo fallamos en infinidad de cosas y me incluyo porque soy parte del todo.

La semana pasada, salía yo del Walmart y justo ese día, en lugar de tomar un carrito metálico grande de los normales, tomé una canastilla de esas azules con rueditas que hay en la puerta por si comprarás sólo pocas cosas.
Terminé mi compra y salí de la tienda con la canastilla azul al estacionamiento…
En ese momento me detuve y pensé: “Elizabeth, no puedes sacar las canastillas de la tienda, acuérdate!”
Y lo segundo que hice fue regresar corriendo a la tienda para poner la canastilla en la puerta como corresponde a la vez que buscaba yo al policía que siempre está de pie recordándote que “no puedes sacar las canastillas”.
El policía estaba allí, sí, pero nunca me vio salir, nunca me vio sacar la canastilla. Qué raro.

Me acerco al mostrador de “paquetería”, justo porque allí están apiladas las canastillas. Coloco la canastilla mientras le digo en voz alta a la señorita de paquetería: “Ay qué pena ya me llevaba yo la canastilla no me di cuenta, perdón”.
Ella me volteó a ver con una cara entre “agradecida” y “sorprendida” y me dijo: “Ay si viera usted, el otro día una señora igual sacó la canastilla y el policía me ordenó seguirla y pedírsela de vuelta. Yo corrí para alcanzarla porque ya había salido del estacionamiento y estaba en la calle con la canastilla. Al pedírsela me la lanzó encima gritándome – ahí tiene usted su canastilla, vieja muerta de hambre, métasela por donde le quepa- y ahí vengo yo con la canastilla de vuelta a la tienda y a seguir trabajando”.

Esa historia me dejó sin palabras porque simplemente comprendí que como humanidad no podemos seguir así. Me sentí mal por esa señorita empleada de la tienda. Me sentí mal por la señora que le gritó a la empleada, me sentí mal porque pareciera que mi pequeña devolución de la canastilla fuera algo “raro”.

Y es la verdad.
Tratamos bien a nuestros hijos, pero le cerramos la puerta al vendedor. Le hablamos bonito a nuestra pareja pero le gritoneamos al que cuida los coches en la calle. Damos la limosna a la viejita, pero nos metemos en la fila de coches para adelantar un lugar. Somos amables con nuestra mejor amiga o amigo pero ofendemos al vecino o ignoramos a la autoridad. Somos buenos padres, pero engañamos a nuestra esposa con la secretaria. Somos buenas madres, pero preferimos que los niños no hagan ruido y en lugar de jugar con ellos les damos un celular con una linda app de juegos.

¿De qué se trata?

Hay que cambiar sí, porque éste mundo que le estamos dejando a nuestros hijos debe ser agradable, seguro, lindo de vivir.
Que no matemos está súper.
Que no robemos está genial.
Pero que seamos mejores personas cada segundo desde dentro del corazón, será lo más importante, porque haremos que esos niños que ríen y sonríen sigan haciéndolo durante toda su vida y lleguen a ser jefes justos o políticos honestos. Porque haremos que aquel par de jovencitos enamorados sepan que el amor, la fidelidad y la lealtad sí existen y que pueden confiar siempre el uno en el otro. Porque en la medida en que dejemos de “juzgar” disfrazado de “opinar”, veremos los errores propios.
Cambiar desde el alma no como “idealistas”, no. Sino siendo más realistas que nunca jamás. Más objetivos. Equilibrados.

Cambiar por nosotros mismos y también por los demás, por todos.
Todos como células de un solo cuerpo. Sin nacionalidad, sin “mi” equipo favorito, sin “mi” banda o sin “mi” barrio.
Haciendo de todos nosotros células más sanas fortaleciendo un cuerpo sano. Tomando conciencia, antes de hablar u opinar, preguntándonos qué está mal en mí, qué puedo cambiar y mejorar hoy en mí , que hago mal o qué pienso mal.

Así las cosas…

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.

LOS SECRETOS EN LA FAMILIA

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Descodificación de las enfermedades

Elizabeth Romero Sánchez
LOS SECRETOS EN LA FAMILIA

Segura estoy de que en todas las familias se ocultan secretos. Algunos como pequeños detalles sin importancia, cosas como: “no le digas a tu hermano que te compré el caramelo que te gusta”.
A veces, un secreto más grande: “que nadie jamás se entere de que ese hijo que tendrás es de tu padre”.

Hay secretos que ya desde que se planean, encierran emociones.
Dolor, vergüenza y un sin número de impactos dramáticos que tarde o temprano, en las siguientes generaciones, podrían provocar patologías importantes.

Mucho del funcionamiento de los secretos dentro de las familias, fue analizado y estudiado por varios autores en su mayoría europeos, que han aportado conocimientos a la Biodescodificación.
Básicamente, Anne Ancelin Schutzenberger fue la gran autora que con su libro “Ay mis Ancestros”, también conocido como “Ay mis Abuelos”, profundizó en estos temas descubriendo, comprobando y aportando muchísimos elementos importantes a observar o a buscar dentro de un árbol genealógico para ser resueltos.

Son estos secretos los que nos programan para ser vulnerables ante ciertas vivencias o experiencias en la vida. Nos programan para tener esa debilidad, ese miedo, ese defecto y por supuesto, caer, enfermar y padecer. Todo de manera inconsciente.
Esa emoción que ya en su momento ha vivido nuestro ancestro. Esa vivencia dolorosa, oculta, acallada y prohibida es lo que llega a nosotros en las mismas células con las que somos concebidos.

Esa vivencia del pasado, esa vivencia de otras generaciones, podemos heredarla como una programación oculta de: “miedo a vivir cierta historia específica”, “alergia a ciertos ambientes o climas específicos”, “sentirme poca cosa”, etc.

Los secretos guardados por generaciones anteriores, caen entonces sobre nosotros con toda su fuerza. Como si fuéramos nosotros los que estamos padeciendo aquello que se ocultó en su momento.
Y casi siempre, son temáticas específicas las que se van heredando, repitiendo, pagando.

– Historias Sexuales: Incestos, tocamientos, infidelidades, violaciones, homofobias.
– Historias Reproductivas: Abortos, Hijos no reconocidos, Hijos de otro padre que no es el marido, hijos adoptados o regalados.
– Historias de Violencia: Asesinatos, Torturas, Golpes y Maltrato.
– Historias Ilegales: Robos, Fraudes, Herencia.

Historias que en su momento se vivieron y padecieron. Historias que en su momento, conocieron sólo unos cuantos. Historias de las que se ha prohibido en su tiempo, hablar o pregonar. Silencios forzados
Estos secretos son cosas de las cuales no se debe hablar, no hay que decirlas ni escucharlas. Mucho menos, comunicarlas a las generaciones siguientes.
¿Y si se vivió un secreto en generaciones pasadas, anteriores a mí, cómo puedo saberlo? ¿Cómo puedo solucionarlo y evitar que me afecte o a mi familia?

Si bien se ha tratado de encontrar un patrón lógico o repetitivo que de pie a confirmar científicamente la vivencia de secretos, de tener ya una constante específica, no ha sido posible.

Se han tomado datos, se ha intentado llevar una estadística y tan sólo se ha llegado a la conclusión, de que esta es otra “parte de la Biodescodificación”, que logra combinarse con “lo energético”, con “lo espiritual”, con la física cuántica y con los sentidos.
Es algo así como hablar de la reencarnación. Puede intentarse comprobarla, puede uno experimentar vivencias a través de la Hipnosis, pero la ciencia no tiene las herramientas ni la manera de comprobarla.
Es algo que “se siente”, es algo que “se vibra”, es algo que simplemente “nos resuena” y es con ello que se trabaja.

Por ejemplo, se habla de historias en las que niños, alumnos normales y comunes de una escuela, justo en las clases de matemáticas, al comenzar a estudiar las variables y las ecuaciones con la letra “X”, parecieran “sentir” una emoción particular de curiosidad por “averiguar lo “oculto”.
Es como si el niño al ver la letra X, sintiera una angustia, una distracción de la clase, un bloqueo que lo hace “viajar” con la mente emocional. Como si algo intangible le indicara a ese niño que esa “X” es algo que él debe buscar en su familia.
Sin embargo, no hay una teoría verificable de esto e incluso, no existe ningún síntoma o enfermedad específica que nos exprese claramente, si hay secretos en la familia o cuáles son y quién los vivió en las generaciones anteriores a la nuestra.

Pero el inconsciente no engaña. El inconsciente no puede “inventar”. El inconsciente lo sabe todo y es ahí en donde debemos poner atención. Y si sabemos que en toda una familia puede vibrar un “inconsciente colectivo” y traspasar generaciones, hay que parar las orejas y revisar cada asunto extraño que nos llegue como “presentimiento”.

– Esas sensaciones extrañas en donde “presentimos”, que nuestro abuelo oculta algo.
– Esas sensaciones extrañas en donde “sentimos” que cada que se platica del tatarabuelo algo sucede que pareciera que todos callan.
– Esa tristeza o miedo que sentimos al pensar en un embarazo que termine mal y que hasta lleguemos a angustiarnos pensando que seguramente alguien más en la familia ya lo sufrió pero no lo dicen.
– Esa idea que tenemos desde pequeños, de que “hay algo que no me quieren decir” en la familia.

A todas esas “sensaciones” hay que prestar atención.
Porque todas esas sensaciones, presentimientos, “latidas” de que hay algo raro en la familia, de que hay algo que no me cuadra, sólo las sentiré yo. Que soy el heredero o heredera de ese ancestro. Sólo me afectará a mí, que soy “doble” de ese ancestro. Y lo mejor, es que en mi inconsciente sí está dicha información y vivencia, y es por ello que sé que hay algo raro, algo escondido.

Porque lo que sí se ha comprobado en Biodescodificación, es el hecho de que todo Árbol Genealógico buscará por todos los medios que las historias se repitan, que sigamos y sigamos padeciendo de lo mismo e incluso, que emparentemos con las personas específicas que faciliten la repetición de dramas.
Es por ello que si venimos de generaciones y generaciones de mujeres maltratadas, siempre emparentaremos con familias iguales e incluso, únicamente nos enamoraremos de hombres maltratadores si somos mujeres o de mujeres que se dejen maltratar si somos hombres.
Jamás emparentaremos con una familia que viva distinto, no nos llamará la atención.
Porque nuestro inconsciente busca “repetir” dramas y para ello, sólo buscaremos afuera, lo que requerimos para continuarlos. El Árbol por sí mismo, no busca cambiar o mejorar o sanar. El Árbol busca repetir, continuar igual.

Y aunque no haya ciencia alguna que pueda publicar una teoría específica para los secretos familiares, tenemos la experiencia de las consultas que poco a poco, llevan a cualquier Biodescodificador a encontrar patrones que repiten y que nos llevan a secretos. A encontrar que “siempre que hay esto” es que “ha ocurrido esto”. Y con ello se trabaja.

Es así que podemos concluir que sí hay patrones específicos que nos permiten localizar al ancestro causante. A aquel familiar de otra generación anterior que haya vivido algo que se ocultó.
Son vivencias del pasado, que ocasionan en nosotros emociones inexplicables. Reacciones precisas o puntuales, cosas como:

– “Yo nunca he manejado, tengo miedo a manejar, por más que lo intento no sé manejar”.
Y, en base a esto que ha expresado la persona, se busca a aquel muerto en un accidente, ya sea porque iba manejando o porque fue lastimado por alguien que manejaba, hecho que la familia pareciera ocultar.

Pero nadie en su familia “sabe nada”. Nadie habla de eso. Nadie recuerda y nadie tiene datos.
Es el árbol, la observación del árbol, fechas, profesiones e historias de vida, que se llega al secreto.
Que se llega al culpable, al doble de la persona que no maneja, liberándolo de ese miedo.

– “Yo siempre tuve la idea de formar una familia, pero justo a los 19 años, esa idea cambio radicalmente, ahora no quiero casarme, no quiero tener hijos, quiero dedicarme a trabajar solamente”.
Y, lo mismo, en base a esto se busca a aquella persona en la familia que más o menos o justo a los 19 años, vivió algo dramático en asuntos de amores o pareja que se ocultó en la familia.

Nadie en la familia “sabe nada”. Nadie habla de eso. Nadie recuerda y nadie tiene datos.
Es el árbol, la observación del árbol, fechas, vidas de pareja, vidas reproductivas e historias de vida, que se llega al secreto. Que se llega al culpable, al doble de la persona que de pronto ya no quiere lo que antes anhelaba. Que ya no quiere pareja ni hijos, liberándolo o liberándola de ese miedo.

Otro detalle que puede “indicarnos que hay algo oculto”, son las reacciones de las personas en consulta:

– No quieren hablar de un tema en específico.
– Tiene bloqueado u olvidado un período de tiempo específico de su vida.
– Lloran de pronto ante alguna palabra o idea del Biodescodificador.
– Se enojan o estallan exageradamente ante una idea específica planteada por el Biodescodificador.

Y es que se tocan fibras emocionales en las consultas. Y tocar al subconsciente, justo donde más le duele, es la pista a seguir.
Del mismo modo se deben revisar reacciones exageradas: risas, llanto, tristeza, dolor, ira.

Personas que en la misma consulta dicen cosas como:

– ¡Me enteré de algo muy gordo en mi familia, de película, increíblemente doloroso!
Y cuando lo platica o explica, realmente no lo es tanto. Eso es una pista entonces, de que esa persona “resuena” con esa historia y que ese es el camino.

– ¡No sabes cómo lloré cuando supe tal o cual cosa de mi familia, es dramático, desgarrador, para morirse!
Y cuando lo platica, realmente no es nada ni para parpadear siquiera. Por lo tanto, es una pista entonces, porque la persona “resiente” el dolor del ancestro que sufrió la historia.

Así, los secretos que permanecieron muy ocultos durante dos o tres generaciones, vienen a esta generación a afectar justo a la persona que lo resolverá.
Personas comunes que viven su día a día, sintiendo que tienen que hacer las cosas porque “tienen” que hacerlas a pesar de que ellos no lo entiendan, no lo quieran o no lo disfruten hacer.
Personas que no pueden controlar sus emociones o reacciones, que basan su vida en su emoción, por lo que si hoy amanecieron tranquilas o pacíficas, es un buen día y si amanecen de malas es un pésimo día, sin razonar o poder controlar que son ellos los que determinan sus emociones.
Como si sus emociones tuvieran el mando o el control y ellos sólo obedecieran cual robots.

Nuevamente, el Árbol Genealógico es primordial para hacer un trabajo más completo y mejor.
Si sólo se tienen datos de los padres, tenemos sólo el 35% de la historia familiar. Si ya contamos con la información de los abuelos, tenemos ya un 50% de la historia familiar. Si por suerte tenemos información de los bisabuelos, hurra! Ya contamos entonces con el 75% de la historia familiar y ni qué decir si ya contamos con los datos de los tatarabuelos, eso sí es la gloria. Porque saber y conocer la historia de los tatarabuelos nos da el 100% de la información.

Si no hay árbol, ni le busques, una sesión de Biodescodificación no es para ti.
Porque para poder llegar al subconsciente sin datos, la única opción será todo tipo de terapia que pueda abrir dicho subconsciente y hallar lo sucedido, la Hipnosis, las Constelaciones Familiares, la meditación profunda. Porque sólo será útil aquella técnica que permita “conocer” el drama vivido, el secreto guardado. Visualizarlo, sentirlo, revivirlo.
Entonces a la hora de buscar secretos, hechos vividos por ancestros, de nada nos sirve sólo tener datos de nuestros padres y que además, ellos nos digan digan “no saber nada” y “no recordar nada”.
Si no hay datos y fechas de un árbol genealógico para revisar y analizar, la Biodescodificación no tiene caso. Mejor ir directamente a una Terapia que sí nos lleve a encontrar ese secreto, esa clave.

Al seguir la pista emocional de aquello que le preocupa a la persona, al seguir la pista de su reacción exagerada o incontrolable, es posible abrir ese subconsciente y dirigirlo hacia la verdad ocurrida.

Pero no crean ni por un segundo, que liberarse de un secreto familiar es algo “fabulosamente tremendo” o algo que mágicamente vendrá a liberarnos sin que hagamos nada. Es como cuando de niños, pensamos que al cumplir 15 años y los 18 años o los 21 años, mágicamente la vida será diferente para venir a descubrir que ese día no pasó nada y seguimos igual.
Lo mismo es “enterarse de lo que pasó en el árbol”. No pasa nada mágico.

Saber o descubrir aquel secreto o aquel drama vivido por nuestros ancestros, sólo nos hace tener que tomar conciencia, entender, saber, poder razonar, que “esa historia no es nuestra”.
Razonar ahora sí que esos ataques de miedo a manejar, que aquel rechazo a formar una familia, que aquella tristeza que a veces sentimos al despertar no está por encima de nuestras capacidades físicas, mentales y/o emocionales. Ni sobre nuestra capacidad de empoderarnos, cambiar y salir adelante.

Una vez que la persona, ha entrado en su subconsciente ya sea con hipnosis o constelaciones o meditación y ha descubierto el secreto, lo mejor es saber que puede ahora sí, decir a todo pulmón y en voz alta: ESO NO ES MIO.
Yo no soy aquel o aquella que vivió tal cosa, mi vida es otra y hoy dejo de padecerlo.

Cosa que hasta antes de entrar a su subconsciente era imposible, porque “no estaba seguro”.

¿Entonces hablar en voz alta me libera?

Sí, siempre, porque nuestro subconsciente, el subconsciente de todos nosotros, reacciona ante nuestros pensamientos y también ante nuestras palabras.
Y el hecho de descubrir lo ocurrido y liberarme de ello en voz alta, ya es soltarlo, cambiarlo, liberarlo.
Es decretar mi fuerza y mi independencia de lo ocurrido. Es reprogramar mi cerebro, es retomar el mando de mi vida.
Una vez que verbalizamos nuestra toma de conciencia: “esto no es mío” y además lo “sentimos”. El subconsciente ha quedado liberado. La persona se siente en paz.

Esto claro desencadena con el paso del tiempo, un empoderamiento, unas ganas por cambiar la forma en que pensamos, vivimos, reaccionamos, respondemos ante la vida, etc.
En la gran mayoría de las personas, esta toma de conciencia y verbalización es suficiente para sanarse, para liberarse.
Pero ojo!
Si la persona liberada continua viviendo en un entorno tóxico, en un entorno que sigue repitiendo un patrón, negativo, será mucho más difícil mantenerse liberados.

Y es que parte del cambio, es cambiar nuestro entorno.
Alejarnos de aquellas personas tóxicas, que forman parte de la “repetición del drama o del secreto”. Y eso, no es fácil. A veces la persona liberada, tan sólo tiene que aprender a vivir entre ellos sin volver a dañarse.
Es por ello que hay que “sellar” el trabajo logrado con la Hipnosis o la Constelación Familiar o la meditación o lo que sea, con una carta de duelo. Para reafirmarle al cerebro, lo que hemos soltado. Para darle confianza al cerebro de que seguimos firmes en nuestra idea de liberarnos.

Este acto simbólico es eficaz porque obedece a un principio terapéutico fundamental:
“La realidad metafórica o simbólica de cualquier cosa, es para el subconsciente una realidad”.

Por lo tanto, si yo escribo una carta de duelo liberándome de los secretos, de los dramas de las historias que no me corresponden. Si en ella yo he plasmado mi rechazo, mi ira, mis miedos, mis tristezas, mi dolor, mis frustraciones a consecuencia de las vidas e historias de otros en el árbol. Y además yo quemo esa carta tirando las cenizas a la basura. Mi cerebro automáticamente entiende: “HE MATADO ESAS HISTORIAS TÓXICAS, MI VIDA ES DIFERENTE Y NO VOY A PADECER DE NADA POR LO QUE OTROS HAYAN VIVIDO”.

En base a eso, es que la persona inicia su cambio, su empoderamiento. Es un trabajo arduo y constante, diario. El cambio y el empoderamiento no caen del cielo.
Ahora ya no puede “echarle la culpa a nadie” de sus miles de sufrimientos.
Ya no puede decir “soy esto por culpa de mi mamá” o “soy aquello por lo que me hizo mi papá” o de fulano o de sutano.
Ya no tiene pretexto alguno para continuar mal.
Al liberarte de los secretos en la familia, de los dramas de los ancestros, adquieres la RESPONSABILIDAD de toda tu vida.
Tienes el mando completo de tus emociones tienes la obligación de asumir las consecuencias de tus decisiones y elecciones y la oportunidad de hacer mejores elecciones para con ello, liberar a tus hijos y claro, a las siguientes generaciones.

Así las cosas…

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco

MI LABOR Y EL FIN DEL MUNDO

MI LABOR Y EL FIN DEL MUNDO

Considerando todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, creo que podría decir que soy una persona equilibrada. Tal vez totalmente equivocada y tal vez no tanto.
A veces suelo ser muy débil ante algunas circunstancias y a veces suelo ser demasiado fuerte y dura para otras al grado de llegar a la indiferencia.
Yo no puedo quejarme de mi familia. No he sufrido jamás de conflictos familiares graves, fuertes o desgarradores y si bien mi familia no es perfecta, creo que fui criada y educada dentro del rango de lo “normal”, de lo “común”, sin sobresaltos y con un alto grado de paz, de alegría y amor.

Cuando el camino de la vida me va llevando hacia aprendizajes nuevos, hacia descubrimientos nuevos, hacia un crecimiento como ser humano, es que me enfrento a realidades que yo jamás hubiera imaginado que existían fuera de mi mundo.
Podríamos decir que mi infancia ante mi percepción fue completamente color de rosa, mi adolescencia fue de color naranja, mi adultez comenzó con un fabuloso rojo “pasión” para de pronto adquirir un color gris que me impulsó a buscar una madurez en tonos azules y violetas.

Aún recuerdo cuando desde muy niña, yo no me visualizaba a futuro. Yo no soñé jamás con ser mamá o ser esposa. Yo no soñé jamás con una profesión o actividad específica. Yo no veía en mí ninguna capacidad extraordinaria y si me preguntan al día de hoy cuál es mi pasión, debo confesarles que no hay ninguna o que siento pasión por todo.

Me limité desde entonces a vivir mi día a día, a disfrutar de lo que llegaba o a sufrir por lo que se iba. Pasé por una infancia en la que tenía sueños extraños y veía fantasmas. Pasé por una adolescencia en donde realmente me enfoqué en lo místico, leer las manos y las cartas y llegó mi juventud en donde me enfrenté a aceptar que el mundo no sólo era lo que yo creía sino que había mil cosas más allá.
Paso entonces la edad del amor, de las ilusiones, de las fiestas y de la falsa sensación de “libertad” que por lo general los jóvenes viven.
Esa etapa en la que sientes que el mundo te queda “chico” porque eres invencible, esos años en que tú eres lo más inteligente que existe sobre la Tierra y donde la vida es fácil.
Y comienzan los tropiezos, los errores, las “raspadas de rodilla” como les digo a esos momentos en que la vida misma te dice “alto”, la vida no es eso que tú crees.
Y pareciera entonces, que retomas aquello que fuiste e intentas “reconectarte” ya no con el ser invencible, sino con el ser vulnerable y abierto a lo que llegue.

Ese momento en el que “de golpe y porrazo”, descubres que tener una pareja carece de importancia si no es la persona óptima para ser tu compañía. Ese momento en que de pronto, descubres que debes ser capaz de salir adelante sin tu familia porque nadie es eterno. Ese momento en el que te cuestionas lo que quieres hacer para vivir. Ese momento en el que debes tomar decisiones fuertes, tajantes, determinantes tan sólo para ti.
Un momento para aprender más, leer más, ver más y escuchar más. Un momento en el que el Universo, pareciera ponerte en charola de plata, aquello que siempre buscaste o aquello que jamás imaginaste.

Y de pronto, esa niña que veía fantasmas y que siempre amó peinarse a “lo despeinada” hoy tiene nuevos conocimientos y goza de trabajar con las personas.
Esa jovencita que fue un remolino rompe cosas, quiere ahora dar paz y luz a otras personas. Siente la necesidad de animarlas y empoderarlas para que brillen por todo lo alto. Mostrándose abierta todos los días, a las más descabelladas o desgarradoras historias de vida.

Me da lo mismo si viene a verme un político con problemas económicos, que si viene una ancianita humilde que toda su vida fue curandera o si viene una jovencita triste porque su novio la engañó o aquel hombre a decirme que a sus dos hijos se los llevan por la noche una especie de seres reptil. O quizá es la señora asustada porque su ángel le advirtió que estábamos cerca del fin del mundo.

Hoy me he convertido en algo que jamás en mi infancia imaginé ser. Conviviendo a diario con vidas muy distintas o muy similares a la mía. Conociendo personas con todo tipo de creencias y expectativas. Sintiendo alegrías y tristezas.
Ayudando en la medida de mis capacidades, tanto a las personas que sufren porque viene el fin del mundo, como a las personas cuyo conflicto mayor es su enfermedad o la de sus hijos.
Personas ricas y personas pobres. Hombres y mujeres que tal vez como yo en su momento, están viviendo su etapa gris.

Y no me dejarán mentir estas personas, cuando yo diga que hay ocasiones en que sus historias me hacen enojar porque veo cómo han sufrido muchas injusticias, personas que me hacen llorar o que me hacen levantarme y abrazarlos. Y cómo siento que cada una de esas personas, se lleva un pedacito de mí, dejándome un pedacito de ellos.
Todos los días que conviviendo con personas nuevas, distintas, diferentes o muy similares. Con historias que podrían romper cualquier corazón o quitar el sueño para siempre.
Historias de vida repletas de amor y abundancia combinadas con otras repletas de violencia, desvalorización y humillación.

Y llego al momento en que no me queda más que agradecerle a la vida el haberme puesto en éste camino, porque como efectivamente lo dice una frase maravillosa: “sanándote tú, me sano yo”.
Y sigo en la línea, a medio camino, viviendo entre lo místico y lo material, entro lo espiritual y lo realista. Sabiendo que hay mucho más allá que no vemos ni comprendemos pero aceptando que por ahora, nos toca estar acá viviendo lo mejor posible.

Todos somos seres humanos en busca del amor, de la paz, de la salud, de la felicidad, del sueño y descanso tranquilo.

Pero luego de varios años de aprendizaje, trabajo, experiencia y convivencia con cientos de ustedes, llego a la conclusión de que “algo” efectivamente está cambiando en estos últimos dos años. Pareciera que esa vida que todas las personas teníamos más o menos clara, se ha transformado de pronto en una gran nebulosa que obstruye la visión y compresión lo que viene.

Adolescentes que tenían claro lo que querían estudiar, de pronto sienten ganas de abandonar y dedicarse a otra cosa como aprender a trabajar con metales o madera.
Adultos que tenían claro que trabajaban en lo que amaban, de pronto sienten ganas de botar su trabajo y mudarse a otro sitio para aprender a sembrar árboles frutales o alimentos orgánicos.
Ancianos que estaban resignados a una vejez pacífica de pronto pareciera que sintieran un impulso inexplicable por aprender a tocar un instrumento o por enseñar a otros algo que dominan.
Niños que parecían tan sólo estar interesados en jugar, ahora pasan sus días haciendo preguntas extrañas o de difícil respuesta.

Algo está cambiando, algo está pasando y no lo vemos del todo.

Y por más realista, coherente, sensata, racional o perceptiva que yo sea en mi día a día, tengo que aceptar que la “vibra” de las personas en mi entorno, del mundo entero está modificándose. Yo misma siento que algo dentro de mí se está modificando, transformando.
De pronto, aquella persona que tiene sueños extraños, siente lo mismo que una tarotista, que un jovencito dedicado al deporte o que un ingeniero de obras.
Todos ellos incluida yo, pareciera que de pronto entramos en una frecuencia de “hay que prepararse”, hay que abrirse a una percepción más allá.

Yo por mi parte, siento unas ansias enormes de irme a vivir al campo, de ya dejar la ciudad y además lo vivo con una sensación de “prisa”. Siento una necesidad profunda todos los días de “estar en paz”, como si fuera un requisito primordial.

¿Y a qué quiero llegar?

A que en las últimas semanas, muchos de los mensajes que recibimos o en muchas de las terapias en las que platicamos, el tema que siempre sale a la luz, es todo lo que ocurre en el mundo: Terremotos, inundaciones, asesinatos, tierra que se abre o se hunde.

Parejas que ya no saben si casarse o esperar el fin del mundo.
Parejas que ya no saben si embarazarse o mejor no hacerlo.
Personas que no saben si dejar sus casas y mudarse o esperar.
Personas que hasta han pensado en quitarse la vida porque no quieren ver una desgracia mayor.
Personas que aseguran vendrá Dios a salvarnos y personas que aseguran bajarán naves a rescatarnos.
Personas que creen que no pasará nada y personas que ya están preparando grandes alacenas con agua y víveres.

Y esa niña que veía fantasmas de niña y que hoy se siente plena trabajando con todos ustedes, sólo puede decirles que lo mejor que pueden hacer es escuchar su voz interior. Yo no tengo más sabiduría que ninguno de ustedes, yo no soy perfecta y ni con toda mi experiencia de vida, tengo la menor idea de lo que pueda o no pueda suceder.

Si esa voz les dice que se vayan, háganlo. Si esa voz les dice que todo es una reverenda estupidez, sigan adelante con sus vidas. Si esa voz les dice que hay peligro, créanlo. Si esa voz les dice cásate y forma tu familia, sigan adelante. Porque así como cada uno de todos nosotros tiene en su mente y en su corazón una vida diferente, del mismo habremos de respetar que cada uno de nosotros vino a aprender cosas diferentes. Y si yo estoy enfermo o tengo un familiar enfermo, no me voy a desentender por miedo a lo que “podría” pasar. Si yo estoy esperando un bebé, no voy a dejar de cuidarme por lo que podría o no podría pasar.

Y no porque se diga que se acerca un gran terremoto que destruirá el mundo, yo voy a dejar de bañarme, desayunar y trabajar con gusto.
Y no porque se diga que no pasará nada, yo voy a dejar de hacer mi mochila de emergencias o dejar de pagar el seguro para mi casa.

Yo creo que se trata de continuar cada uno con nuestras vidas, confiando en que si pasa algo así debía ser y que si no pasa nada, también así debía ser. Se trata de continuar amando, soñando, comiendo y bailando. Se trata de continuar cada uno con su camino sin perder de vista el estar atentos.
Sabemos que el miedo, es el peor enemigo que tenemos. Y sabemos también, que en un caso extremo de riesgo, todos y cada uno de nosotros, hará lo mejor o lo posible por sobrevivir.
Sabemos que tenemos la capacidad para seguir entregando nuestro 100% a aquello que a diario hacemos y de seguir disfrutando de nuestras vidas y nuestros planes a cada segundo.

Y si estoy completamente equivocada y efectivamente sucede algo, pues al igual que ustedes ya lo afrontaré con lo mejor que yo tenga en mi interior.
Y si llego al final de mis días y nunca pasó nada, pues agradeceré a la vida por todo lo que viví.
Se trata de estar aquí y ahora. De disfrutar éste instante, porque es lo único que tenemos tangible. Ser buenas personas, ser honestos y hacer que cada momento de nuestras vidas sea el mejor.

Así las cosas …

Akasha Sanación Integral
Elizabeth Romero Sánchez y Edgar Romero Franco.